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Hamas sigue los pasos de Hizboláh

Israel sabe que entrar en el juego de cambiar secuestrados por prisioneros sólo anima a nuevos secuestros. Que si no actúa con contundencia contra los responsables, las acciones con misiles Qasam aumentarán, de la misma manera que las emboscadas.

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La crisis provocada por el secuestro de un soldado israelí a manos de la organización terrorista Hamas representa un hito en la crisis de las relaciones entre Israel y la Autoridad Nacional Palestina, de ahí la contundente respuesta del gobierno de Jerusalén.

Nada es nuevo, salvo el lugar. La combinación de emboscadas guerrilleras contra las fuerzas armadas israelíes, el uso de pequeños misiles y el secuestro de soldados o ciudadanos israelíes a cambio de un contingente numeroso de árabes es algo que nos resultaba familiar no hace mucho tiempo en Líbano. Hizboláh, el grupo terrorista chiíta controlado por Irán, lo practicaba con indudable éxito, hasta el punto de poder apuntarse como una victoria la retirada militar israelí de territorio libanés cuando ya carecía de interés militar el mantenimiento del contingente.

Se aprende de la experiencia. Israel sabe que entrar en el juego de cambiar secuestrados por prisioneros sólo anima a nuevos secuestros. Que si no actúa con contundencia contra los responsables terroristas, las acciones con misiles Qasam aumentarán, de la misma manera que las emboscadas.

El Gobierno de Olmert se debate entre ceder al chantaje o mantener una posición de firmeza que implicará la perdida de vidas israelíes. Una decisión poco envidiable. El presidente Aznar pasó por ella y ese fue un momento capital de su carrera profesional y de su vida. En cualquier caso, nadie se lleva a engaño; todos son conscientes de que la situación ha cambiado. El Gobierno de Hamas no va a quedarse quieto ante la pérdida de las ayudas internacionales de las que vivía, ni ante la presión a la que le somete el presidente Abbas, con convocatoria de referéndum inclusive, para que reconozcan el derecho de Israel a existir, primera y más importante condición para recuperar la ansiada financiación. Tienen que cambiar los términos del debate y en eso están.

Necesitan mostrar al mundo que Israel es un estado criminal capaz de atacar enclaves urbanos, donde residen mujeres y niños. Necesitan convencer a sus conciudadanos de que no es posible la vía del diálogo con Israel, porque no lleva a ninguna parte. Necesitan movilizar la solidaridad musulmana para obtener recursos y mantener la lucha. Son islamistas, no nacionalistas. Su estrategia no es la de Arafat, de ir logrando ventajas, una a una, sin ceder nada fundamental.

Los especialistas venían anunciando desde tiempo atrás que la estrecha y creciente colaboración entre Hizboláh y Hamas acabaría trasladando a territorio palestino lo que ya vimos en Líbano. El proceso de paz está muerto y nos enfrentamos a una nueva oleada de violencia.

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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