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Incoherencia universal

Al no respaldar a sus aliados se genera una zozobra en estos que está empezando a romperse por el eslabón más débil y haciendo renacer la política de los no alineados. No están contra los Estados Unidos, pero tampoco contra Irán ni Corea del Norte.

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 Mientras Corea del Sur se preguntaba por la adecuada, ponderada, calmada, reflexionada, cautelosa y proporcionada respuesta al hundimiento de uno de sus barcos de guerra, el Cheoan, y el asesinato de 46 de sus marinos en marzo, Obama daba un discurso. 

 
En West Point, alzando la barbilla y con enigmáticas pausas entre frases, anunció el 22 de mayo la nueva estrategia de seguridad nacional. La fundamentó en lo que considera los éxitos de su política de dialogar con los que amenazan.

No obstante, no todos los hechos, testarudos, justifican tan nobilísimo "ideal". Por de pronto, hay promesas sin cumplir. Guantánamo, que, recordemos, era la razón por la que se incitaba al terrorismo, sigue abierto; un año y medio después del compromiso de cerrarlo. Aparte de los dos terroristas que se ha comido España, nadie abandona el penal. Es más, en Bagram, Afganistán, donde está la cárcel gemela, los tribunales americanos acaban de confirmar que sus inquilinos no pueden acudir a jueces americanos para revisar su situación. Por supuesto, sigue adelante la guerra de Afganistán sobre la base de un incremento de tropas que inventó Bush en Irak, que, por su parte, celebradas elecciones, marcha lentamente camino de la formación de un gobierno. Pero esta es la vertiente positiva, la de la continuidad (no comentada por los medios) de Obama con Bush. O sea, la que funciona.

Hay otra que lo hace menos. Tras un año de intentar relajar el puño cerrado de Irán, según la cursilada presidencial, este está cada vez más cerca de un arma nuclear (menos de un año).  Cierra eso sí acuerdos con Turquía y Brasil evitando la eficacia ya de por sí dudosa de una, y van cuatro, ronda de sanciones de la comunidad internacional. Sí, Hillary ha visitado Corea del Sur apoyando firmemente a su aliado en su decisión de romper lazos comerciales con la dictadura, volver a llamarle enemigo y adoptar medidas graduales de respuesta, pero Kim Jong Il, aterrado ante el dramático tono de los acontecimientos, ha roto comunicaciones con el Sur.

Las directrices de la nueva estrategia de seguridad nacional serán: diálogo diplomático y alianzas internacionales; repudio de la prevención e internacionalismo responsable, destinadas a la promoción externa de la democracia y los derechos humanos.

No hizo mención ni al programa de aviones teledirigidos que ha multiplicado por tres los asesinatos aproximadamente selectivos –es difícil acertar– con respecto a la época de Bush, ni a la reciente directiva del Pentágono de extender las actividades militares clandestinas en el extranjero.

Es decir, continúan algunas de las actuaciones anteriores, mejoradas y aumentadas, pero convenientemente puestas en sordina y apoyadas por una prensa adicta, mientras se envía un mensaje de pacificación y multilateralismo. Pues bien, no es admisible esta incoherencia. La ausencia de firmeza en las palabras, y en todas las actuaciones no heredadas, es la que está generando entre amigos y enemigos la misma impresión que en su día tuvo Bin Laden y que le movió a atacar los Estados Unidos: que eran un tigre de papel.

Al no respaldar a sus aliados se genera una zozobra en estos que está empezando a romperse por el eslabón más débil y haciendo renacer la política de los no alineados. No están contra los Estados Unidos, pero tampoco contra Irán ni Corea del Norte.

Hasta ahora, el único punto de promoción de la democracia y de los derechos humanos, el único éxito del que presume Obama, es el Irak que transformó Bush, y que intenta replicar en Afganistán con el apoyo silencioso de soldados españoles. Lo demás, es mera retórica, y retórica incoherente.

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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