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Interpretaciones sobre la bomba de Bagdad

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¡Qué diversidad de implicaciones puede llegar a tener una bomba!

Los americanos que recelan de Naciones Unidades podrían pensar que todos están en el mismo bando y que un compromiso con el organismo internacional sería beneficioso para la pacificación/democratización de Irak. Por otro lado, a cualquier planificador militar se le erizan los cabellos ante la idea de que una misión cuya rudeza pone a prueba los ingentes recursos de la hiperpotencia pueda ser transferida en alguna medida considerable a una fuerza multinacional de cascos azules.

A la inversa, para los críticos de Estados Unidos, el atentado puede leerse como dirigido contra todas las banderas del mundo, la azul de la ONU en primer lugar, y llevarles a una colaboración más amplia y con menores exigencias políticas ajenas a la solución del problema que los americanos y el mundo tienen entre manos, o bien los desgraciados acontecimientos pueden ahondar el resentimiento contra Estados Unidos, al considerarlos culpables de la situación y ver en ella una oportunidad para elevar el precio que exigen por su colaboración o incluso para dejar que los americanos sigan cavando su propia tumba.

Los irakíes pueden decidirse a colaborar, horrorizados de que se hagan con el poder los que protagonizan los atentados, o pueden incrementar su hostilidad contra los ocupantes o su temor a que éstos finalmente abandonen el campo y los dejen en manos de nuevos o viejos amos implacables con los colaboracionistas.

Pero en todo caso, lo que parece que nadie podría discutir es que el mensaje más diáfano que la explosión transmite consiste en que los terroristas equiparan a las organizaciones de ayuda, con la ONU en cabeza, a las fuerzas americanas, y consideran que todo lo que contribuya a la reconstrucción del país va en detrimento de sus objetivos y deben destruirlo. El atentado es su voto particular contra una resolución de Naciones Unidas que atribuya mayores responsabilidades al organismo internacional y cree una fuerza de cascos azules.

¡Quien iba a pensar que el Sr. Caldera, e incluso su líder el Sr. Zapatero, pudieran hacer la lectura opuesta! Según ellos, si llegan los soldados de la ONU, las gentes de Sadam renunciarán a su sangrienta puja por el poder y las de Ben Laden se retirarán satisfechas dejando el país en manos de infieles ateos, cruzados o judíos. ¡Quien iba a pensarlo!

GEES: Grupo de Estudios Estratégicos


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