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Irak, golpeado

Entre 4.000 y 6.000 cristianos han huido ya a Turquía desde Irak.

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Con las revueltas árabes extendiéndose a Siria, y tras haber animado alguna protesta esporádica en Irak, es importante destacar que lo que verdaderamente debe de preocuparnos a todos respecto a este país árabe es la vigencia del terrorismo yihadista: osado como siempre, golpeando indistintamente a chiíes, suníes y cristianos y peligrosamente activo. Y todo en estos momentos en los que, recordémoslo de nuevo, muchos insisten en considerar a Al Qaida agonizante y a la ideología yihadista salafista superada por la marea democratizadora que estaría extendiéndose por buena parte del mundo árabe.

Osado fue el ataque producido el 29 de marzo contra la sede del Gobierno Provincial de Saladino, situada en el feudo de Saddam Hussein, en Tikrit. En la más cruel tradición de Al Qaida, seis terroristas atacaron el edificio disfrazados de militares, abriéndose paso con un terrorista suicida. Hicieron estallar un coche bomba cuando acudieron los servicios médicos, policiales y militares. Después, bien pertrechados con armas ligeras y cinturones con explosivos, tomaron varios rehenes en el interior del edificio. Los cinco terroristas murieron en unos enfrentamientos que duraron horas y que dejaron en el momento 60 muertos y decenas de heridos. Recordando el asalto a la ciudad india de Mumbai, la amenaza del yihad urbano se hace presente de nuevo con esta luctuosa página iraquí. Tikrit ya había sido escenario de una matanza cometida por un suicida el 18 de enero, cuando mató a 49 personas al atacar un centro de reclutamiento de la policía. Al día siguiente, en Baquba, eran 60 los muertos provocados por otro suicida en otro centro de reclutamiento policial.

Por otro lado las matanzas de chiíes no cesan y nos obligan a recordar que un gran defensor de los ataques contra esta comunidad heterodoxa musulmana corretea libremente por el vulnerable Egipto: Yusuf Al Qaradawi, que lanzará este viernes su consabida arenga contra infieles y apóstatas incluyendo a los chiíes entre estos últimos. Si queremos una prueba para testear Egipto, es la situación de Al Qaradawi.

A la matanza de 45 peregrinos chiíes en Kerbala el pasado 20 de enero–dos atentados suicidas cometidos con cinturones explosivos–, hay que añadir la cometida por otro suicida el 24 de enero también en la ciudad santa de Kerbala, muriendo 30 peregrinos. El 27 de enero, en Bagdad, un suicida provocaba la muerte de 50 chiíes en el barrio de Al Shuala. La fijación por la comunidad chií ha perdurado hasta hoy en atentados de menor envergadura o que han afectado a seguidores de ambas confesiones del islam, como el ataque suicida realizado el 17 de febrero en Muqdadiya, al noreste de Bagdad.

Finalmente, también en Irak puede hablarse de acoso contra los cristianos, como está ocurriendo en otros países árabes y musulmanes como Egipto, Turquía o Pakistán. Tras el atentado contra la Iglesia de Nuestra Señora de la Salvación, en Bagdad el 31 de octubre–que provocó 52 muertos–, líderes religiosos musulmanes recomendaron a los cristianos que no celebraran ni la Navidad ni los servicios religiosos mínimos. Muchos han recibido amenazas de muerte o incluso han sido agredidos: entre 4.000 y 6.000 han huido ya a Turquía, donde el régimen supuestamente dialoguista y puntal de la Alianza de Civilizaciones del primer ministro Tayyip Recep Erdogan les niega el estatuto de refugiados.

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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