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Islamocomunismo

¿Y no será más bien que el comunismo y los demás restos del "progresismo" que nunca tragó la caída del Muro, se han convertido en los primeros defensores de sus herederos, los nuevos totalitarios?

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Cuando en un Estado ya no se sabe qué Derecho es el vigente y se ha entregado su tutela a un grupo terrorista a cambio de una supuesta paz, ya no queda sino someterse a lo que decida esa banda terrorista. En España y en el Líbano ése es el problema. Pretender contentar a los que no se van a contentar tiene dos resultados: la pérdida de tiempo y la rendición de la voluntad de las mayorías en manos de los que tienen el Mal por programa.

Viene esto a cuento de un reciente artículo en El País del señor Carrillo, comentarista político, antes secretario general del partido comunista, y todavía antes otra cosa peor, titulado "Un rumbo equivocado". Hay que confesarlo: nos ha aclarado bien un tema complejo. ¡Por fin lo hemos entendido!

Ya Revel nos había puesto sobre la pista en "La gran mascarada" hablando del intento del comunismo por renacer de sus cenizas –y de sus montañas de cadáveres– a base de disfrazarse con otros nombres y abrirle un proceso a la democracia liberal. Pero esto es ya una prueba definitiva.

El señor Carrillo, al defender con tanto entusiasmo que se haga "diplomacia" con los grupos terroristas Hamas y Hezbolá, basándose en la idea de que proporcionan ayuda social a grupos desfavorecidos, y no sólo se dedican a matar judíos y demás occidentales por deporte, disipa muchas confusiones. En otros tiempos, los más perspicaces no se sorprendieron del Pacto Germano-Soviético que marcó el principio de la II Guerra Mundial. Al fin y al cabo, los dos totalitarismos estaban juntos, que era lo normal. Se dice hoy que no hay que ser "simplistas", y que hay que acercarse a los "parias de la tierra" y no al "bárbaro" Bush. ¿Y no será más bien que el comunismo y los demás restos del "progresismo" que nunca tragó la caída del Muro, se han convertido en los primeros defensores de sus herederos, los nuevos totalitarios? Si así fuera, habríamos encontrado un nuevo nombre para el terrorismo radical islámico: "Islamocomunismo".

Se hace eco además el ex secretario comunista de un artículo –la verdad es que no sabemos si llegan a tanto sus lecturas o sólo ha oído las campanas– de Seymour Hersh, premio Pulitzer en su día, izquierdista reconocido, que dejó caer que los Estados Unidos habían fomentado y planeado el "ataque" israelí. Coincide así con las declaraciones de Nasralá diciendo que no se esperaba que secuestrar a dos soldados fuera para tanto. Para don Santiago, esto es "banal". Claro, por qué habría de suscitar animosidad un acto tan "pacífico".

La afinidad de los totalitarios y de los totalitarismos entre sí resulta muy esclarecedora. A ella ha contribuido la labor de los medios de comunicación dominantes generando confusión moral e intelectual. El resultado de la equiparación entre el bien y el mal, el democrático y el totalitario, el terrorista y su víctima es, además de una foto de Reuters, la infinita comprensión por el crimen y el asesinato.

Pronto, bien pronto, la necesidad de la realidad hará inútiles hasta las más elocuentes explicaciones. La necesidad crea virtud, se dice en español. Estamos acercándonos peligrosamente a la comprensión vital de este refrán. Ningún cinismo, ningún rencor, ningún odio, ninguna cobardía cambiarán esta realidad. Y cuando llegue, sólo los principios del Estado de Derecho, asentados durante generaciones, nos servirán de algo. Sólo entonces se verá hasta qué punto era vano prestar atención a las palabras de El País o a las sesudas cogitaciones (?) de Le Monde diplomatique. Y entonces, el que siga con vida podrá darse cuenta del tiempo que perdió escuchando los cantos de sirena de los que, con tal de comprender al Mal, se convirtieron en él.

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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