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¿Koffi para todos?

Sus declaraciones están mucho más motivadas by orientas a hacer daño al presidente Bush en la campaña electoral para las presidenciales que por la defensa de los principios y procedimientos de la ONU

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El secretario General de naciones Unidas acaba de afirmar, en medio de una larga entrevista con la prensa, que la intervención en Irak fue ilegal. No sólo Koffi Anan se equivoca sino que sus palabras distan mucho de responder a su cargo, sino que lo usurpan más allá de todo cuanto es razonable.
 
Anan, el primer secretario de la ONU salido de las filas de su funcionariado, no ha acabado de comprender o aceptar cuál es el papel que le marca, en tanto que secretario de la organización, la propia Carta de San Francisco, a la que tanto invoca. El es quien debe velar porque la maquinaria de decisión de las Naciones Unidas funcione de manera engrasada, favorecer la generación de consensos y hacer las veces de su portavocía. La Carta no dice nada sobre lo que Koffi Anan hace, que es convertirse de facto en un miembro más de la ONU en pie de igualdad a Estados Unidos, Francia o China. El Secretario general puede emitir un juicio o valoración personal, como todo el mundo, sólo que en su lugar debería primar la prudencia sobre todas las cosas. Anan no es el guardián ni el artífice del derecho internacional, ni el representante en la Tierra de la llamada comunidad internacional. Quienes son los elementos de todo ese entramado, quienes pueden hablar legítimamente sobre lo que es legal o no, son los Estados Miembros y, por muy injusto que parezca o sea, especialmente las cinco naciones con derecho de veto en el Consejo de Seguridad de la ONU.
 
Por otro lado, hay que subrayar que éste órgano, el Consejo de Seguridad, no está integrado por juristas cuyo objetivo sea velar por la defensa del derecho internacional, sino que lo forman representantes oficiales –y legítimos- de los Estados miembros y cuyas instrucciones responden a criterios puramente nacionales. Eso es la ONU, y no un gobierno mundial cuyo presidente es en este caso Koffi Anan.
 
No, en realidad el juego de Anan se escapa con mucho a su trabajo para la ONU. Sus declaraciones están mucho más motivadas y orientadas a hacer daño al presidente Bush en la campaña electoral para las presidenciales que por la defensa de los principios y procedimientos de la ONU. Lo que pasa es que aunque Anan resida en un lujoso apartamento en Manhattan, todavía, que se sepa, no se le ha concedido el derecho a intervenir o a votar en las presidenciales americanas. Debería no olvidarlo y dedicarse a lo que debe: a que la ONU funcione y evite catástrofes como las de Darfur. Pero eso es lo que no hace.
 
GEES, Grupo de Estudios Estratégicos

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