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La aportación de Zapatero

Rodríguez Zapatero se fotografía alegremente con el pañuelo palestino, en una actitud más propia de la fiesta del Partido Comunista en la Casa de Campo que de la Presidencia de un Gobierno miembro de la UE y la OTAN en medio de una crisis internacional.

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La diplomacia es, ante todo, un sutil juego de equilibrio donde se mezclan intereses nacionales, convicciones ideológicas, necesidades estratégicas y normas de comportamiento entre países. La crisis de Oriente Medio está mostrando la complejidad diplomática, así como el hecho de que incluso los países occidentales más propalestinos emplean un lenguaje diplomático en sentido estricto. Lo han hecho desde la palabrería internacionalista y legalista propia de la diplomacia internacional, que por lo demás se mueve con la lentitud habitual hacia la búsqueda de soluciones pacíficas. En Europa y Estados Unidos, el mundo diplomático y militar enloquece entre reuniones y comunicaciones entre países, ninguno de los cuales sabe exactamente qué hacer y por donde discurrirán los hechos.

Pero he aquí que faltaba la aportación de Zapatero al conflicto. Ya hemos dicho aquí cómo la política exterior de Rodríguez Zapatero está caracterizada por dos realidades. En primer lugar, por un sectarismo ideológico que asusta a la socialdemocracia europea y extasía a la izquierda radical. En segundo lugar, por un analfabetismo diplomático y estratégico que le lleva a cometer errores de alcance ilimitado. Baste recordar las llamadas a la deserción en Irak contra EE.UU. o su celebración del fracaso de Merkel en Alemania. Ambas características reaparecen, una vez más, en esta crisis.

El presidente del "ansia infinita de paz" ni siquiera ha tenido la tentación de morderse la lengua, y en mítines callejeros ha atacado tan groseramente a Israel que incluso ha recibido la felicitación de Hezbolá. Pero tal ridículo internacional no ha parecido suficiente a Rodríguez Zapatero, que mientras las bombas caen sobre Beirut y Haifa ha aprovechado otro mitin para fotografiarse sonriente con el pañuelo típico del terrorismo palestino, puesto de moda hace décadas por Arafat cuando se paseaba gustoso por los pasillos de la ONU con la pistola en la cintura.

Cualquier guerra es, ante todo, un drama humano. Por eso, sea cual sea el punto de vista ideológico, nacional o estratégico desde el que se aborden los acontecimientos de Oriente Medio, lo que está bastante claro es que es un problema político de primer nivel. Pero mientras las cancillerías occidentales bullen de comunicaciones, entrevistas y contactos, Rodríguez Zapatero se fotografía alegremente con el pañuelo palestino, en una actitud más propia de la fiesta del Partido Comunista en la Casa de Campo que de la Presidencia de un Gobierno miembro de la UE y la OTAN en medio de una crisis internacional.

Desde sus distintos puntos de vista, Francia, Estados Unidos, Alemania o Gran Bretaña avanzan con pies de plomo, tratando de conciliar intereses, convicciones y necesidades estratégicas con las reglas de respeto por la única democracia que existe en la zona. Pero de nuevo marginados, nos estamos encontrando con que Hezbolá felicita al presidente del Gobierno Español, éste insulta reiteradamente a Israel, viste el pañuelo-fetiche de los terroristas palestinos y su partido convoca manifestaciones contra Israel.

Esa es la aportación de Rodríguez Zapatero a la solución del conflicto. En la ignorancia política habitual del Gobierno, ahora les toca quitar importancia al hecho, que no es aislado. Pero ya es tarde: de nuevo el Gobierno nos ubica internacionalmente con los de siempre. Israel y la comunidad internacional ya han tomado nota. Hezbulá y Hamas también; ya tienen un nuevo amigo, justo cuando se estaban quedando sin ellos. Es la aportación de Zapatero.

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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