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La carrera sigue

Tener dos rivales que compiten por el voto más conservador le viene mucho mejor a Romney que tener uno solo -Ron Paul no cuenta- pero mucho peor que no tener ninguno

GEES
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El 6, el supermartes, con diez consultas (dos de ellas caucuses), poniendo en juego cerca de la quinta parte de los delegados a la convención del partido, nadie tiró a la cuneta a nadie, los resultados se ajustaron bastante a la previsiones basadas en las encuestas y las tendencias apuntadas hasta ahora se confirmaron. La principal es que lo electores que se toman la molestia de participar no se deciden a darle la victoria a Romney, por más que es casi imposible que nadie pueda ya desbancarlo del primer puesto y sigue apareciendo como el candidato mejor situado frente a Obama, aunque ya con poco ventaja respecto a Santorum, o dicho más apropiadamente en términos negativos, el que menos probabilidades tiene de perder frente al demócrata. Y todo ello a pesar de que la elegibilidad sigue siendo una primordial motivación del voto republicano.

Romney, con sus seis victorias dobló su número de delegados y sigue teniendo algo más del doble que su inmediato rival, Santorum, que ganó en tres estados. Como era ineluctable, Gingrich se llevó de calle Georgia, de la que es, según la terminología electoral, "hijo favorito", a pesar de lo cual ningún analista apuesta un dólar por su estrategia sudista de ir a por los estados de la antigua confederación. Está demasiado descolgado. A pesar de lo cual seguirá mientras tenga dinero, lo mismo por supuesto, que Santorum. Tener dos rivales que compiten por el voto más conservador le viene mucho mejor a Romney que tener uno sólo –Ron Paul no cuenta- pero mucho peor que no tener ninguno. Está claro que la carrera va para largo y puede que llegue hasta las puertas mismas de la convención de Tampa a finales de agosto. Si no hay ningún imprevisto, de los que el futuro es tan aficionado, Romney llegará en cabeza, pero lo que no es tan seguro es que lo haga con mayoría absoluta, en cuya caso no tiene en el bolsillo la representación de su partido en las presidenciales.

Un cierto número de delegados llega comprometidos para solamente la primera votación. Si a priori no la puede ganar nadie, las siguientes se pueden convertir en un pandemónium de trapicheos e intrigas, sobre todo a partir de la tercera, en la que la mayoría de los compromisarios quedan liberados. Eso le daría más influencia a los líderes del partido, que han visto con horror cómo el actual proceso se les escapaba por completo de las manos para empantanarse con un reparto que deja insatisfecho a los electores. El entusiasmo movilizador fue lo que llevó a la gran victoria republicana en las elecciones del medio mandato en 2010. No ha alcanzado hasta el comienzo de la campaña actual y parece irse desinflando de semana en semana. Desde luego, el gran ausente de este año es el movimiento del Tea Party, energizador de aquellos éxitos. Por el contrario, tenemos aspirantes que se desgarran entre sí, mientas se acorta el tiempo en que habría que emplearse a fondo contra el verdadero enemigo.

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