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La España autista de Zapatero

Ahora ZP quiere generar confianza con Merkel después de que la ridiculizara por sus resultados electorales. No lo tiene fácil.

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La España de Rodríguez Zapatero se comporta como un ser autista. En el interior, al no escuchar nada más que dictados, despreciando la opinión de millones de españoles, y en el exterior, despreciando el entorno en el que se mueve y desoyendo los principios más básicos de comportamiento con sus interlocutores. El encuentro del presidente español con la canciller alemana, Angela Merkel, no ha cambiado esta desgraciada tónica.

ZP basó su campaña electoral en regresar al corazón de Europa, esto es, a incorporarse como fuera al eje franco-alemán. Su intento no dejó de ser una falacia, porque Paris no estaba dispuesto a cederle ningún puesto al presidente español, fuera éste quien fuera. Aznar lo sabía; Rodríguez Zapatero lo descubrió tarde. ZP se echó en brazos de Schröder, pero las preocupaciones de éste y el cambio de gobierno, finalmente, en Berlín, impidieron una mayor confluencia de las diplomacias germana y española. Ahora ZP quiere generar confianza con Merkel después de que la ridiculizara por sus resultados electorales. No lo tiene fácil.

No sólo porque nuestro presidente se caracterice por dejar una tan mala como indeleble primera impresión en la escena internacional, sino porque hay poco terreno de posible acuerdo entre Madrid y Berlín hoy. No lo hay, porque se avanza en direcciones opuestas en materia económica, con Endesa y E.On de por medio; no lo hay en el terreno institucional, con reformas territoriales opuestas; y no lo hay en política internacional, donde se navega en rumbos distintos tanto en relación hacia América, como hacia Irán, por citar dos ejemplos bien distintos.

La única problemática compartida es el futuro del tratado constitucional para la UE. La CDU sigue creyendo que es mejor tener una constitución europea que no tenerla y cree estar en disposición de poder generar un cierto consenso sobre ello. A ZP le importa muy poco el futuro de la constitución, pero le viene bien seguir defiendo el texto porque ese es el único puente que le queda con Alemania.

La diferencia entre Alemania y España estriba, no obstante, en que Alemania es un país fuerte y respetado, mientras que la España de ZP ha dejado de serlo. Alemania tiene una líder abierta al mundo y que está dispuesta a ser sensible con los demás, España no. Por eso ZP debería escuchar algo más a los franceses, quienes ya rechazaron por referéndum el tratado de la UE y quienes no están dispuestos a revivirlo sea quien sea el sucesor de Chirac. Y debería también escuchar a ingleses, que ni siquiera se han atrevido a votarlo. Puede que Alemania tenga cierto tirón, pero está aislada entre los grandes en este asunto y acabará cambiando de postura. Más vale que ZP tuviera en cuenta los signos que ya se ven al respecto y él también cambiara de posición. Si es que quiere salir del aislamiento en el que nos ha metido.

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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