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La Europa a la que vuelve el PSOE

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La Europa que tantas pasiones despierta entre los dirigentes del PSOE claramente no mueve a las masas, ni aquí ni en ningún rincón europeo. La mayoritaria abstención, por lo que supone de distancia y desapego, no sólo hacia unas instituciones sino también hacia todo un proyecto, debería ser un eje central en las discusiones del inminente Consejo Europeo. En realidad, este Consejo del próximo fin de semana, había sido convocado con la vocación de aprobar el texto de la Constitución Europea. Sería un grave error que procediera como si nada hubiera pasado en las elecciones del 13-J.
 
Suponiendo que los países miembros lograran salvar sus diferencias en torno al borrador de texto constitucional, que está por ver, la posibilidad de que una vez aprobada por los gobiernos, la Constitución fuera rechazada popularmente, a través de un referéndum, no parece hoy, a tenor de los resultados electorales del domingo, un escenario descabellado. En algunos países el referéndum sobre la Constitución es obligatorio y allí donde no lo es, sus dirigentes ya se han comprometido con uno, como es el caso del Reino Unido y España. ¿Qué ocurriría si en un país no se logra un apoyo mayoritario a la Constitución, sino que vence el sentimiento de rechazo? Esto es algo que este fin de semana no se puede evitar de pensar seriamente.
 
El caso español es aún más delicado. Por un lado, la obsesión europeísta del PSOE les ha llevado a abanderar una política ingenua por la que lo importante es tener una constitución, independientemente de cómo afecte a nuestros intereses nacionales. De hecho, ya se ha dicho que se desbloqueará la negociación sobre el reparto de poder (el punto principal por el que el Gobierno de Aznar rechazaba la redacción actual del borrador) y que no le importa perder la cuota alcanzada en Niza, aunque eso merme la capacidad de España para paralizar decisiones que le sean contrarias a sus intereses.
 
Pero no es sólo ese aspecto de dejación. La futura Constitución, de aprobarse, tendría que ser refrendada socialmente por un referéndum y, con toda probabilidad, si el voto fuese positivo –que está por ver dependiendo de las distintas posturas que presenten los principales partidos– para que entrara en vigor debería modificarse antes la Constitución Española. Si esta interpretación, sostenida por insignes juristas próximos a Rodríguez Zapatero, es la correcta, eso supondría un trámite costoso política y temporalmente, pues la modificación de nuestro máximo texto legal exige sus plazos y procedimientos. Algo que no encaja con los ardores europeos del actual gobierno.
 
¿Y si este fin de semana no se ponen de acuerdo en el Consejo Europeo y no se aprueba el texto constitucional? Pues que Zapatero se habrá quedado sin el único argumento de su política europea, la Constitución sobre todas las cosas. Que se apruebe el texto ya no depende únicamente de la posición española y de las concesiones que el gobierno socialista pueda hacer. Depende mucho más del cálculo interesado y de futuro de otros países, como Francia y Reino Unido, entre otros. España, de nuevo, ha vuelto a quedarse sola gracias a Moratinos y Zapatero.
 
GEES: Grupo de Estudios Estratégicos

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