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La fiesta de pijamas de María Teresa

Por encima de la anécdota, la cena sólo para mujeres muestra como la diplomacia española zozobra ante la utilización personal e ideológica que los ministros de Zapatero hacen de ella.

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Como es bien sabido, una fiesta de pijamas es una reunión de adolescentes en la que las chicas se reúnen en solitario para hacerse confesiones con la única finalidad de pasar un buen rato entre ellas. Ocurren de noche, con una única norma, que es dejar fuera a los chicos. Más allá de la velada, la fiesta de pijamas no tiene trascendencia ni sentido alguno. Es una reunión "de chicas" y nada más.

Como en las fiestas de pijamas, lo único que para la vicepresidenta del Gobierno Fernández de la Vega tenía importancia en la cena del pasado miércoles es la asistencia única y exclusiva de mujeres. El único criterio para la asistencia a la cena en honor de Bacheler era no ser varón; la anfitriona no tuvo excesivo interés en reunir a la sociedad civil española, empresarios, políticos o intelectuales de ambos sexos, con la presidenta de Chile, como hubiera sido lo correcto y responsable. Por eso, Fernández de la Vega debiera responder a una pregunta apremiante: ¿qué beneficio tiene para nuestro país reunir a una primer ministro exclusivamente con mujeres?

Más bien parece una muestra más de la ansiedad por el lucimiento y la notoriedad que aqueja a la vicepresidenta del Gobierno. Tras dos años de una política exterior española tambaleándose entre Moratinos y Bono, ahora Fernández de la Vega parece sumarse al derribo de cualquier atisbo de seriedad en la política exterior española. Baste recordar la imagen dada por España ante la comunidad internacional tras su visita a Maputo. Restringida exclusivamente a mujeres, fue el antecedente inmediato de la cena del pasado miércoles, y ejemplo de la deriva de la diplomacia del Gobierno de Zapatero.

Independientemente del signo político de Bachelet, las relaciones entre Estados se rigen por un protocolo y unas reglas diplomáticas forjadas durante siglos. No son algo caprichoso ni arbitrario, y están sujetas al interés nacional de ambos países. Por eso, las incursiones ideológicas del Gobierno en general, y de Fernández de la Vega en particular, están causando estupor entre los profesionales de la diplomacia y de la política exterior, que no se explican esta deriva de nuestra política exterior.

El gobierno de Zapatero parece entender la relación con otros estados como una extensión de sus experimentos ideológicos; Bolivia es otro ejemplo de ello. Fernández de la Vega no ha hecho sino convertir una visita oficial en un escaparate para el proselitismo feminista del que hace habitualmente gala, incluso cuando se esconde tras él de críticas legítimas. Nada impide a Fernández de la Vega repetir cada día sus consignas feministas sesentayochistas, pese a que ya parecen demasiado pasadas de moda. Pero utilizar el protocolo, la diplomacia y la política exterior de España para promoción personal e ideológica es ir demasiado lejos.

Por encima de la anécdota, la cena sólo para mujeres muestra como la diplomacia española zozobra ante la utilización personal e ideológica que los ministros de Zapatero hacen de ella. Entre unos y otros, están convirtiendo la política exterior española en algo insignificante y sujeto a los caprichos ideológicos de sus integrantes, sin trascendencia nacional alguna. Exactamente como en una fiesta de pijamas.

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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