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La lógica terrorista

Hoy las guerrillas colombianas son la sombra de lo que fueron hasta hace apenas ocho años. Las FARC cuentan con menos de la mitad de efectivos que en 2002, unos han desertado y otros han caído bajo la presión de las fuerzas de seguridad.

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Como ETA, otros terroristas, los de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), también andan con ofertas de negociaciones, en una nueva artimaña habitual en los grupos terroristas. En este caso, la oferta de conversaciones de los guerrilleros se ha combinado con una escalada militar. Recientemente, casi una veintena de efectivos, en su mayoría policiales, murieron tras la detonación de varios explosivos al paso de los vehículos con los que se desplazaban. Después, les remataron con tiros de gracia e incineraron los cadáveres.

Las FARC están en un momento crítico y con estos actos salvajes quieren demostrar que no están derrotados sino que mantienen su fortaleza de cara a un eventual diálogo. Es la lógica de las FARC: tratan de suscitar en la opinión pública el ansia por un proceso de negociación. Sin embargo, el efecto puede ser el contrario. El presidente colombiano ha ordenado redoblar el combate contra las guerrillas.

La primera señal de las dificultades para el nuevo gobierno de Santos llegó con la explosión, pocos días después de su investidura, de un potente coche bomba en el corazón del centro financiero de Bogotá. Todavía están abiertas todas las hipótesis sobre la autoría, desde narcotraficantes –existe actualmente una guerra por el control del tráfico de drogas en el país–, grupos de delincuentes, o las FARC. De hecho, tras la operación en la que se liberó a Ingrid Betancourt en julio de 2008, se empezó a especular sobre la posibilidad de que las FARC tomaran represalias y llevaran a cabo actos terroristas en la ciudad, pasando de lo rural a lo urbano.

En cuanto a la oferta de negociaciones, las propuestas surgieron antes de la llegada del nuevo gobierno, de mano de su comandante Alfonso Cano. También solicitaron a la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) que convocara una asamblea para exponer su "visión" del conflicto, reiterando su voluntad de buscar una salida política a esa confrontación. Al mismo tiempo que abrían la posibilidad de entablar conversaciones, policías y militares desactivaban varias intentonas terroristas, algunas destinadas a turbar la toma de posesión del nuevo presidente. Los operativos contra las FARC y también contra el Ejército de Liberación Nacional (ELN), segunda fuerza guerrillera del país, no han cesado desde este verano.

Hoy las guerrillas colombianas son la sombra de lo que fueron hasta hace apenas ocho años. Las FARC cuentan con menos de la mitad de efectivos que en 2002, unos han desertado y otros han caído bajo la presión de las fuerzas de seguridad. Los recientes ataques, combinados con las ofertas de diálogo, son una muestra de su debilidad y desesperación. Tras el paso de Uribe por la presidencia, ahora es el gobierno de Colombia quien pone las condiciones.

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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