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La marcha de la guerra

Una retirada sin importantes éxitos detrás sería una desbandada y equivaldría a abrir las puertas del infierno en toda una gran región circundante, desde la India hasta Asia Central e Irán.

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El asalto a la más importante plaza fuerte de los talibán en todo el país, Marjah, de unos 50.000 ó 60.000 habitantes, en la provincia de Helmand, hacia el sur del mismo, fue lanzado el 12 de febrero con el nombre de operación Moshtarak ("juntos", es decir americanos, británicos y tropas afganas), tras varias semanas de muy visibles preparativos, como una operación de limpieza de focos rebeldes que podría durar un mes o algo más, y cuyo éxito sería el gran lanzamiento de la muy imprecisa estrategia anunciada por Obama en diciembre. Se supone que desde ahí McChrystal, el comandante americano, se lanzaría a por tres nidos talibanes, con menos presencia militar pero con mucha más importancia política, Lashkar Gah, la capital de Helmand, de 250.000 habitantes, Kandahar, capital de la provincia de su nombre, segunda ciudad del país con 850.000 habitantes y cuna del movimiento de los seminaristas islámicos –talib en singular, talibán en plural– y Spin Boldak, más pequeña, también en Kandahar, importante paso hacia Pakistán.

La operación ha movilizado a unos 15.000 hombres de los tres ejércitos más implicados. ¿Contra cuántos? Algunos cientos de resistentes bien emboscados y protegidos por miles de minas y fatídicos explosivos improvisados, que han obligado a los atacantes a transitar fuera de todas las vías de acceso establecidas. No sólo eso ralentiza el avance sino también lo hacen las infinitas precauciones para no causar daños colaterales a una población que hay que ganarse. En el asalto propiamente dicho, unos seis mil efectivos, de los cuales unos mil fueron insertados por helicópteros en el centro de la pequeña ciudad. Ya han hecho conjunción con los que entraban desde el norte, lo que ha llevado a jefes de no mucha graduación sobre el terreno a proclamar el fin de la primera fase, el despeje del terreno de enemigos, excepto focos menores y aislados. Ahora habría que consolidar la victoria con una presencia militar continua, que le correspondería ante todo a las fuerzas afganas, paso dudoso y arriesgado, y ganar los "corazones y las mentes", ante todo garantizándoles la seguridad frente al retorno de sus anteriores amos, más administración honesta y eficaz, las consabidas escuelas y hospitales y todos los servicios posibles. Desafío para Kabul que es todavía mucho más dudoso, por decirlo muy suavemente, que esté a la altura de sus capacidades.

El caso es que sólo cinco días antes de esta proclamación de éxito a nivel de capitán combatiente, el jefe de jefes de las fuerzas armadas americanas, el almirante Mullen, declaraba que "el progreso había sido más lento que el previsto" y que "en algunos lugares el enemigo lucha con más dureza que la esperada", mientras que sobre el terreno, los periodistas recogían testimonios contradictorios que hablaban de dos y hasta cinco meses más antes de un cese total de operaciones. Así las cosas, y descontando todas las enormes incertidumbres, casi certidumbres negativas, sobre el papel que ahora le corresponde desempeñar al Gobierno de Karzai, resulta imposible llegar a conclusiones seguras sobre el punto que ha alcanzado la operación, pero sí parece cierto que una primera fase militar ha sido coronada con éxito y que los focos de resistencia son muy pequeños y han quedado muy aislados, aunque muchos de los combatientes no hayan sido aprehendidos sino que se hayan fundido con los civiles.

El impacto de Marjah en el dispositivo talibán será apreciable, porque tenían arsenales y polvorines, sistemas de comunicaciones, talleres para la fabricación de explosivos improvisados, más de treinta laboratorios para producir heroína, su principal fuente de financiación, en un área agrícola floreciente por el cultivo de la amapola, cuya erradicación no es ni mucho menos la menor de las dificultades de los nuevos administradores, sobre todo teniendo en cuenta que tienen que ofrecer una alternativa a los campesinos adecuadamente compensatoria. Pero Marjah y la operación Mushtarak son ante todo un símbolo cara a los afganos y a los americanos y el general McChrystal no se ha recatado en presentarlos abiertamente como tal, en ambas vertientes. Un símbolo de que la nueva estrategia de Obama, la retirada a plazo fijo y corto, puede funcionar. De hecho, cuanto mejor funcione más lenta podrá permitirse ser la retirada, porque será tanto menos urgente y tanto más justificable la prolongación de un esfuerzo que está cosechando victorias, mientras que, por el contrario, una retirada sin importantes éxitos detrás sería una desbandada y equivaldría a abrir las puertas del infierno en toda una gran región circundante, desde la India hasta Asia Central e Irán, con el archiproblemático Pakistán en medio Por el momento queda por roer el gran y durísimo hueso de Kandahar.

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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