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La miseria del progresismo

El progresismo se ha adueñado de parte de la izquierda española, tragándose a la socialdemocracia y vende, entre el oscurantismo y las proclamas sublimes, el advenimiento de la paz perpetua. ¿Desde cuándo un crimen se mide por un mejor o peor?

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Los tratos de Zapatero con ETA han sido acompañados por dos tipos de manifestaciones. Por un lado, el Gobierno y su galaxia mediática hablaban de las ventajas de su proceso, de la paz sublime y definitiva, del fin de los problemas. Han bombardeado a los españoles con la cháchara de la "paz" y acusado a los escépticos, incluso a los socialistas, de querer los crímenes etarras, que ya hay que tener estómago para decir algo así. Por otro lado, se han sumergido en el cenagal del más profundo cinismo: decían que todo iba estupendamente, pero que no podían contar nada de lo que tramaban con Otegi y Josu Ternera por el bien de la "paz".

El día 29, Zapatero pronunció sus palabras triunfales: "Estamos mejor que hace cinco años y que hace un año. Les expreso una convicción, dentro de un año estaremos mejor que hoy". ¿"Estamos"? Desde luego, en su "estamos" no incluía a los empresarios extorsionados ni a los concejales que siguen mirando debajo del coche cada mañana. Ni a unas Fuerzas de Seguridad del Estado que siguen siendo acosadas en las calles vascas. ¿Quién estaba mejor el día 29? Zapatero, Llamazares o Imaz quizá; miles de vascos, ni por asomo. Quizá el humo de los autobuses quemados impedía al presidente ver lo que ocurría en las calles vascas.

Recordó la ausencia de muertos. El resto a fastidiarse, le faltó añadir. El ejercicio de historicismo del día 29 de convertir el terrorismo en un fenómeno histórico y teórico, alejado del miedo de cada día, continuó el día 30, cuando aún salía humo de los restos del parking de la T4. Entonces Zapatero, el presidente al que habían asesinado a dos conciudadanos, siguió abstrayéndose: "Hoy estamos mucho peor que ayer". ¿Cómo que estamos peor? De nuevo el mismo error del historicista que del terrorismo sólo ve el proceso. ¿Quién está peor? Peor que qué, peor que cuándo. ¿Desde cuándo la barbarie que se lleva por delante a dos seres humanos se mide por un mejor o peor? ¿Peor para quién? ¿Para los heridos? ¿Para los dos asesinados? De cómo estaban éstos, mejor no hablar: simplemente ya no estaban.

El progresismo se ha adueñado de parte de la izquierda española, tragándose a la socialdemocracia y vende, entre el oscurantismo y las proclamas sublimes, el advenimiento de la paz perpetua. ¿Desde cuándo un crimen se mide por un mejor o peor? Zapatero olvida que la lucha contra el terrorismo no es política ni ideológica: es moral, y tiene que ver con el hecho de que un terrorista vuela un aeropuerto por donde transitan miles de personas y volatiliza a dos de ellas. Y Zapatero hablando de estar peor o mejor, de antes y después. La respuesta contra ETA no tiene nada que ver ni con el futuro ni con el pasado. Tiene que ver con el crimen que cometieron el pasado sábado y con el miedo que esparcen cada día.

La muerte de Diego Armando Estacio y Carlos Alonso Palate es un crimen, una inmoralidad en sí misma. ¿Qué es eso de interpretarlos en clave de proceso? ¿Qué es eso de "estar peor o mejor"? Ni estamos ni dejamos de estar, ni ausencia, ni voluntad ni alambicadas explicaciones de los expertos en negociaciones. La cuestión es que unos señores han cargado una furgoneta de explosivos, la han aparcado entre cientos de coches y han destrozado la vida de dos jóvenes de 35 y 19 años. A ellos dos, a sus familias y a cualquiera de los españoles que podían haber perdido la vida en víspera de Nochevieja en Barajas se les debe una reacción firme, directa y contundente.

Ante la barbarie del pasado sábado, sólo cabe una respuesta política mínimamente digna y decente: perseguirlos allá donde se escondan, atraparlos a ellos y a quienes colaboran en sus acciones criminales y meterlos en la cárcel a disposición de los jueces. Sencillo. Demasiado sencillo para una izquierda progresista que dice tener la solución a todos los problemas del mundo y que desprecia y mira por encima del hombro a todos aquellos que propugnan firmeza contra el terror. Y los atentados, las víctimas, el terror callejero no son más que accidentes. Esa es la miseria del progresismo.

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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