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La necesidad nuclear

El PP debe apostar públicamente por aquello que es cada vez más evidente: que la energía nuclear es necesaria, que no podemos prescindir de ella y que hay que construir más centrales.

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La Agencia Internacional de la Energía acaba de elevar sus previsiones de consumo mundial de productos petrolíferos. La industrialización de China, India y de otros países en Asia conllevará un aumento vertiginoso del consumo energético que afectará a todo el mundo.

La demanda mundial de petróleo superará en breve la capacidad de producción y de refino, se elevarán más aun los precios del crudo y del gas, se intensificará la competencia entre países por hacerse con estos recursos naturales, cada vez más caros de explotar. Si a esto añadimos que la localización de la mayor parte de las reservas mundiales está en países políticamente inestables, a menudo con gobiernos antioccidentales, el panorama energético europeo es catastrófico.

En este contexto España es un país especialmente vulnerable. Sin recurso energético explotable alguno, nuestra dependencia del exterior en materia energética es superior al 85%, una de las mayores del mundo. Esta situación hace que una variación de los precios del petróleo, carbón o gas pueda provocar un encarecimiento brutal de la electricidad e incluso unas carencias de suministro. Si introducimos en este panorama las penalizaciones derivadas del protocolo de Kioto y que están asociadas a la emisión de CO2, tenemos ante nosotros un escenario desolador. España es el país que más lejos está de cumplir el protocolo y, por tanto, el que deberá pagar más para ajustarse a él. La economía y la industria españolas en su conjunto pueden sufrir un lastre permanente a la hora de competir y nuestro país se posicionará en una situación de debilidad geopolítica derivada de una dependencia energética.

En todos los países de nuestro entorno la problemática de la independencia y seguridad energética futura se ha analizado seriamente y en todos ellos la energía nuclear se ha perfilado como una opción necesaria, siendo la única que garantiza un suministro masivo, seguro, a largo plazo y casi independiente de las variaciones de precio de las materias primas. Estados Unidos, Finlandia, Japón, Francia, Bulgaria, Inglaterra y muchos otros países se reafirman en sus estrategias de producción nuclear. Por otra parte, la industria nuclear española constituye un sector de un altísimo valor específico, con una muy fuerte participación nacional y con una enorme inversión en la I+D nacional asociada.

Es incomprensible que nuestros representantes públicos no miren por el interés de España a medio y largo plazo y se refugien en excusas electoralistas, mensajes ambiguamente confusos y a una clamorosa falta de principios a la hora de planificar el futuro energético de España. Se debe explicar a los ciudadanos que la energía nuclear es la más limpia, económica y la única que puede garantizar un suministro a gran escala sin depender del exterior.

El periodo de licenciamiento y construcción de una central nuclear no es despreciable (de 4 a 8 años). Por ello, España no puede esperar más a iniciar un programa que incremente la potencia nuclear instalada a corto y medio plazo pues, si no se inician estos pasos ahora, no se podrá contar con esta fuente masiva de energía cuando su crecimiento de población, económico, industrial y de demanda eléctrica lo requiera. Dada la irreversibilidad de esta indeseada situación no es de ninguna manera excusable la falta de planificación.

Considerar proyectos insensatos, irresponsables, o de nula credibilidad científica o técnica, como el de algunos autoconsiderados ecologistas, que afirman poder suministrar el 100% de la energía necesaria exclusivamente mediante fuentes renovables, es un gravísimo error con profundas y negativas consecuencias, propio de dirigentes que, como en casi todo lo que dicen y hacen, exhiben con orgullo un profundo desconocimiento. La realidad es que la única opción viable para nuestro país es complementar de manera intensa la producción tradicional mediante energía atómica y una postura de oposición a ello se puede explicar solamente acudiendo a, por un lado, la ignorancia, y por otro, aún peor, la lealtad a oscuros intereses económicos.

El importante debate energético se hace cada vez más necesario y el espacio para la indecisión se acaba. El PP debe apostar públicamente por aquello que es cada vez más evidente: que la energía nuclear es necesaria, que no podemos prescindir de ella y que hay que construir más centrales. No hacerlo supondría situarse a la misma altura de oponentes políticos desinformados, irresponsables o hipotecados, con la diferencia de que, en este caso, no se trataría de ignorancia, sino de miedo a decir la verdad.

La sociedad española se merece unos dirigentes políticos valientes, capaces de asumir la responsabilidad y de tener el coraje para tomar una decisión que contribuirá, a medio plazo, al aumento de nuestra calidad de vida, la competitividad de nuestra industria, la creación de empleo y el equilibrio de nuestra balanza de pagos.

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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