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La paz de Kofi

Kofi Annan logró, mediado abril, un alto el fuego entre el gobierno de Asad y las facciones que le disputan el poder desde hace más de un año. El conflicto ya había causado más de 9.000 muertos.

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Kofi Annan logró, mediado abril, un alto el fuego entre el gobierno de Asad y las facciones que le disputan el poder desde hace más de un año. El conflicto ya había causado más de 9.000 muertos. Desde entonces hay que añadir 1.800, especialmente los 108 asesinados en la ciudad de Hula por la artillería del régimen y, sobre todo, los disparos a sangre fría de sus milicias.

Una línea más en el currículum de Kofi. Ha estado en el lado moralmente equivocado de cada decisión de política internacional de los últimos veinte años. Empezó, como comienzo no está mal, eludiendo la intervención de la ONU en Ruanda siendo responsable de las misiones pacificadoras. El resultado fue la masacre de 800.000 tutsis a manos de los hutus. Sus últimas apariciones se han saldado con menor estrépito como la que hizo, acaso no gratuitamente, en la llamada conferencia internacional de San Sebastián para buscar la paz con ETA en octubre del año pasado. Y, por supuesto, consideró en su día la guerra de Irak como "ilegal". Debía ser por los millones que se había embolsado su hijo Kojo mediante el programa Petróleo por Alimentos evitando la aplicación del régimen de sanciones a Irak mientras hacía algún negocio. Obviamente el malo de esta horrible situación es el examigo de Occidente Asad, pero no le anda a la zaga Kofi, que se plantó anteayer mismo en Damasco para pedir contención "a cualquiera que sostenga una pistola". La equivalencia entre verdugos y víctimas es aquí especialmente repugnante en un ser que la ha practicado siempre, recibiendo cuantiosos estipendios a cambio.

Tampoco puede tirar cohetes, literalmente, ese lugar idílico donde reside únicamente la legitimidad internacional según los progresistas de todos los partidos, el Consejo de Seguridad de la ONU, quien encargó la sedativa tarea a Kofi. Al menos no han caído en este caso 8.000 varones musulmanes como cuando la ONU de la que Kofi era ya vice-secretario general dejó de actuar en Srebenica. En Hula "solo" han muerto 108 personas. Para los estándares onusianos es una mejora.

La expulsión de los embajadores sirios de varios países occidentales, entre ellos España, es lo mínimo que podía hacerse en las circunstancias. Lo siguiente, que corresponde principalmente a Obama, es explicar por qué sigue en el poder el mandatario árabe que proporciona un puente sobre el Mediterráneo al régimen criminal de Irán, cuando la primavera árabe ha barrido a los dirigentes de Egipto y Túnez y, con la ayuda occidental, al propio Gadafi en Libia. O es que sólo se echa a los dictadores por intereses ajenos. Estará el mundo para pocos jaleos, pero la Agenda de la Libertad de Bush, de la que habló el otro día en Dallas, merece mayor continuidad que la que viene dándole Occidente. No solo en nombre de los inocentes niños de Hula, sino en el de nuestros propios intereses, conviene dejar de pensar lo mismo que Kofi sobre las guerras "ilegales".

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