Menú
GEES

La radicalización islamista que viene

Con diálogo o sin él, interviniendo o inhibiéndose, siempre tendremos enfrente a los yihadistas porque ellos están en guerra permanente con nosotros, nos guste o no.

GEES
0

Mientras algunos se empeñan en no ver más que a liberales ocupar las calles y las instituciones de países como Túnez y Egipto, o los campos de batalla anti-Gadafi en Libia, lo cierto es que los vientos del yihadismo no sólo no han pasado sino que vuelven a un terreno cada vez más abonado para que traten de quedarse. Para ello no hay más que observar la evolución de los acontecimientos, por un lado; y recordar que los islamistas radicales –incluidos los "desradicalizados"– suelen permanecer fieles a sus creencias, que al final son "religiosas" tal y como ellos las perciben.

En el proceso que ha llevado al descabezamiento de los Estados en Túnez y en Egipto se han liberado muchos presos y se ha perdido el control de muchas armas, las fuerzas de seguridad en ambos países han sufrido o están sufriendo múltiples transformaciones y las posibilidades que se abren para los radicales, incluso para los que hace poco se habían declarado "desradicalizados", son enormes. En Egipto la última matanza de cristianos coptos es un buen indicador de hacia dónde vamos: habiendo quedado impune el asesinato de una veintena de coptos que asistían en Alejandría a la Misa de Año Nuevo, con los detenidos liberados en el marco de la anarquía de enero y febrero en El Cairo, ahora ha sido en una localidad situada a 210 kilómetros de la capital donde los radicales han vuelto a triunfar de nuevo. El 4 de marzo quemaban la Iglesia de Los Dos Mártires en Sole, provocando varios muertos, y las protestas por dicha profanación realizadas en El Cairo el día 8 costaban la vida a 13 cristianos y heridas a más de un centenar. Está claro que el idílico escenario de coptos y musulmanes confraternizando en la Plaza Tahrir fue más anecdótico, o un espejismo del esfuerzo buenista de algunos periodistas y analistas excitados por la "revolución", que real. No es extraño que muchos coptos miraran desde el principio con recelo la campaña contra Hosni Mubarak: con él no vivían en el paraíso pero sin él los temores son muchos.

Por otro lado, para los islamistas radicales libios ha llegado el momento de saldar viejas cuentas con el clan Gadafi, ejemplo para ellos de impiedad y de enemigo demonizado al que hay que batir. Entre los rebeldes, una multitud de decretos religiosos ("fatuas") ponen hoy en la picota las cabezas del propio Gadafi y de los miembros de su familia, e incluso si al final este lograra imponerse en el campo de batalla nada habrá cambiado respecto a lo que sus enemigos islamistas quieren lograr. Es más, estos últimos están aún más radicalizados hoy ante los daños que las tropas fieles a Gadafi están produciendo, y su ira se extiende hacia un Occidente que para ellos es despreciable en cualquier caso, intervenga finalmente o no en el escenario libio para frenar las matanzas.

Si interviene es atacable porque es un enemigo infiel que se inmiscuye en asuntos de musulmanes; y si no interviene también lo es, porque ha permitido que la matanza siga para que así el mundo islámico se siga debilitando. Las teorías conspiratorias de ahora son las mismas que alimentaban los islamistas en la primera mitad de los noventa: según elucubraban, el mundo occidental abandonaba a su suerte a bosnios y a somalíes porque las vidas de los musulmanes no valen nada, y porque el siniestro objetivo de cristianos y judíos es que el islam no deje de dividirse y de debilitarse. Es importante saber esto, sobre todo para intentar que, de una vez por todas, los buenistas despierten: con diálogo o sin él, interviniendo o inhibiéndose, siempre tendremos enfrente a los yihadistas porque ellos están en guerra permanente con nosotros, nos guste o no.

Como colofón de esta reflexión conviene recordar cómo –tras haberle paseado por Madrid y por otras capitales europeas noviembre y luego en enero– algunos se empeñan en seguir creyendo en las palabras conciliadoras de Noman Benotman, antiguo líder del Grupo Islámico Combatiente Libio (GICL). Sería bueno entrevistarle ahora, pero diga lo que diga este supuesto "arrepentido" su objetivo de crear un Estado islámico en Libia estará a buen seguro más presente que nunca antes en su planificación. Puede que incluso más que cuando marchaba bajo el estandarte del GICL. Sin duda es el mejor momento para que los cientos de liberados de este Grupo en 2010, gracias a la precipitada e irresponsable política de diálogo de Saif El Islam Gadafi con ellos, recuerden su obligación última de luchar por la fe sin importarles incumplir las promesas hechas a quien ahora combate encarnizadamente junto a su padre y a sus hermanos para salvar a un régimen impío.

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

En Internacional

    Lo más popular

    0
    comentarios
    Acceda a los 3 comentarios guardados

    Servicios