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La rendición como modelo

AQMI dedicará sus renovadas esperanzas y fondos a secuestrar y matar más. Cortesía del Gobierno de España.

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¿Dejará Zapatero en algún momento de satisfacer los deseos de los terroristas? Su ansia infinita de paz transita inquebrantable por el valle de la desbandada de Irak, los escombros de la T4, y ahora, el desierto de la rendición al chantaje de Al Qaeda en el Magreb.

Más allá del natural alivio de no tener que asistir al asesinato de dos personas, no hay nada que celebrar en la sumisión a la amenaza islamista. En esta ocasión, el Gobierno ha presionado para liberar a un terrorista y ha sometido al Estado, con su ejército y todo, a la extorsión de una banda de criminales. No es precisamente el momento de poner La Moncloa bajo la advocación de Guzmán el Bueno. La plaza está rendida, y quién sabe si también la vida. En términos churchillianos: tenemos el deshonor, pero tendremos también la guerra.

Por de pronto, en cuanto a las peripecias del secuestro entre Malí, Mauritania y Burkina Faso perdónesenos por pensar que mediadores, secuestradores y traficantes, de uno y otro lado, forman parte de un todo, en el que es difícil distinguir a los malos de los peores.

En segundo lugar la cesión es mal ejemplo para varios países africanos que tratan por todos sus medios, que son unos cuantos menos que los que tenemos en Occidente, de luchar contra el terrorismo.

Por fin, se deja caer, como excusa de la querencia a la rendición de ese animal político que es Zapatero, que todos hacen lo mismo. Con excepción, y esto se dice más para reforzar el argumento que para debilitarlo, de la pérfida Albión. ¿Sí? No. Una aldea poblada por irreductibles galos resiste todavía y siempre al invasor.Los secuestradores que hoy se enriquecen a nuestra costa pertenecen al mismo grupo que asesinó a finales de julio al rehén francés de 78 años Michel Germaneau. Antes, una operación de rescate franco-mauritana había terminado con la muerte de seis miembros de Al Qaeda. El caso es que parece que ni siquiera Francia paga traidores. O por lo menos, no lo hace con Sarkozy.

Hasta ahí el deshonor. Ahora, la guerra.

AQMI dedicará sus renovadas esperanzas y fondos a secuestrar y matar más. Cortesía del Gobierno de España. Los islamistas desprecian la debilidad occidental que les hace pensar que lograrán más pronto que tarde su objetivo final: un califato en el que reinen los radicales. De ese, como es notorio, España es parte sustancial. España y los españoles corren hoy más peligro que ayer.

Por último, la chabacana costumbre de disimular la humillación del Estado bajo una santificación laica, y la escasa vergüenza de celebrar la financiación del terrorismo como si fuera un éxito, conlleva la desgracia añadida de insensibilizar aún más a la sociedad. España reaccionó valientemente al asesinato de Miguel Ángel Blanco, pero vilmente al 11-M. Que Zapatero sea el último responsable de esta posmoderna bajeza, no exime a los españoles de intentar recobrar el valor perdido. Para ello, escandalosas intervenciones como la suya de ayer son, sin duda, un poderoso aliciente.

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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