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La rutina de Al Qaeda

La alianza mundial antiterrorista, expresión ésta en buena medida hueca pues conocemos bien las fisuras existentes entre países y entre regiones, tiene ante sí un desafío ahora bien clarificado en Detroit.

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El atentado frustrado dirigido o inspirado por Al Qaeda del día de Navidad contra el vuelo Ámsterdam-Detroit de la estadounidense Northwest Airlines no introduce nada nuevo en lo que al modus operandi de la red de Osama Bin Laden respecta; si acaso, lo innovador es la formula utilizada por el terrorista –dejemos para los políticamente correctos lo de "presunto"– que ha conseguido burlar los supuestamente exhaustivos controles aeroportuarios, pero también aquí, y como venimos repitiendo desde el GEES en sucesivos análisis sobre el terrorismo yihadista, la innovación continua es una de las características definidoras de Al Qaeda.

En la línea de lo que hemos venido constatando tanto en términos geográficos –al referirnos a escenarios cada vez más relevantes en los que actúan los yihadistas salafistas como son Nigeria y Yemen–, como en términos operativos –al referirnos a la obsesión por los atentados aéreos (secuestro del Airbus de Air France en Argel el 24 de diciembre de 1994, atentados del 11 de Septiembre de 2001, atentado frustrado del "terrorista del zapato" semanas después del 11-S o los atentados frustrados de la segunda mitad de 2006 contra aviones procedentes de aeropuertos británicos y con destino a los EEUU y Canadá, entre otros)–, este atentado frustrado no viene sino a confirmar tendencias.

Como vemos, los problemas se siguen acumulando, porque los ya existentes no se acaban de resolver y no se es capaz de abortar los que asoman antes de que se conviertan en tales. A pesar de la contundente reacción de las autoridades nigerianas abortando por la fuerza el brote yihadista en el norte y centro del país africano, el largo tiempo de proselitismo yihadista en dicho escenario geográfico –realizado en casi total impunidad– tendría consecuencias y aquí tenemos una de ellas. También nuestras repetidas referencias a la obsesiva fijación de Al Qaeda por Yemen, tierra natal de Bin Laden, país vecino de Arabia Saudita pero también de la cada vez mas deteriorada Somalia, convirtiendo a este endeble país árabe en paraíso para los yihadistas, se referían a ataques contra instalaciones petrolíferas del país, contra fuerzas del Estado y contra turistas a partir de 2005 , ataques que no han hecho sino incrementarse a partir de la fusión de las dos ramas regionales de Al Qaeda, ambas tradicionalmente muy activas : la saudí y la yemení.

La alianza mundial antiterrorista, expresión ésta en buena medida hueca pues conocemos bien las fisuras existentes entre países y entre regiones, tiene ante sí un desafío ahora bien clarificado en Detroit. Una de las dificultades mas importantes que afronta Obama para cerrar es qué hacer con el centenar de yahidistas yemeníes que aún alberga, o que la reunión que ahora se plantea como respuesta visible al desafío representado por Yemen será una multinacional ad hoc en Londres el 28 de enero coincidiendo con una conferencia previamente convocada para tratar del problema tampoco resuelto de AfPak. Demasiados problemas pues, que los puristas califican siempre de diferentes entre sí y que requieren de respuestas distintas, pero que si tienen algo en común es claramente que son agravados por un terrorismo yihadista que sí los ve como frentes constitutivos de una misma guerra .

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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