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La tranquilidad iraní

Como suele decirse, no se habla de otra cosa. El último informe de la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA) apunta nuevos indicios de que Irán prosigue con el programa nuclear.

GEES
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Como suele decirse, no se habla de otra cosa. El último informe de la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA) apunta nuevos indicios de que Irán prosigue con el programa nuclear. A la actitud del régimen de Teherán se une la imposibilidad para la AIEA de concluir con rotundidad unívoca que Irán tendrá la bomba: entre otras cosas porque a las dificultades técnicas se añaden las maniobras de ocultación de los iraníes. Lo cual dispara aún más las alarmas dentro y fuera de la región. Por otro lado, ahora se suma la reacción rusa al informe, evocando el escenario previo a la invasión de Irak en 2003, que en nada ayuda en términos de aplicar medidas de retorsión político-diplomáticas. Como agravante el escenario de salida militar estadounidense de Irak antes de fines de este año no hace sino reforzar en términos geoestratégicos a Irán.

Como el régimen de Teherán se ha cuidado mucho de permitir a los inspectores de la AIEA realizar con libertad su trabajo, hay necesariamente una zona de sombra en sus conclusiones, y aunque todo parece confirmar su voluntad de desarrollar el átomo militar y de hacerlo cuanto antes, el informe mantiene ambigüedades que, efectivamente, evocan los informes sobre Irak. Los ayatolas lo aprovechan bien, como en su día lo hizo Saddam.

El ministro iraní de Asuntos Exteriores, y antes de ello alto funcionario con responsabilidades en materia nuclear, Alí Akbar Salehi, ya mostró hace unos días su desprecio por las múltiples especulaciones sobre el informe. Ahora simplemente presenta a su país como víctima de una conspiración internacional, y amenaza a quien ose atacar sus instalaciones. Por otro lado Rusia, irritada en estas últimas semanas por el anuncio de la dinamización del escudo antimisiles –con la incorporación de España al mismo–, no va a jugar papel componedor alguno: más bien todo lo contrario. Volviendo a Irán, este ha superado en el último año ciberataques como el ejecutado por el virus Stuxnet, o el asesinato del científico nuclear Majid Shahriari en el mismo Teherán en noviembre de 2010. Ahora protege muy bien a Mohsen Fakhrizadeh, el técnico estrella que habría recibido formación en el pasado de figuras emblemáticas como Abdul Qadeer Khan, el padre de la bomba paquistaní.

Irán confía tanto en que los EEUU frenarán cualquier intento de ataque israelí como en que la comunidad internacional no le va a imponer un régimen más duro de sanciones que pueda dañar de verdad su economía o poner en riesgo su seguridad. Cree contar con Rusia y con China, que no van a permitir que en el Consejo de Seguridad se apruebe una resolución que posibilite ejercer la injerencia en Irán, y más tras el precedente de la Resolución 1973 sobre Libia del pasado marzo. Está además seguro de que los occidentales volverán a mostrarse divididos, interesados como están muchos de ellos por seguir comprándole sus hidrocarburos. Es precisamente esa tranquilidad la que debe preocuparnos, pues permite a Irán avanzar en su programa nuclear y en la más que probable militarización del mismo para lograr su sueño de liderar la región frente a occidente.

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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