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La visitadora de la muerte

Lo que debería hacer ya es poner una fecha límite y cercana, cuanto más, mejor, para traer a nuestra tropas de aquel teatro. Ni son decisivas ni asumen los riesgos por una noble causa ya.

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Una vez más, la ministra de Defensa parte a tierras lejanas en misión mortal para presidir la repatriación de las nuevas bajas del ejército español. De nuevo en Afganistán. Un gesto tan vacío como absurdo. Más le hubiera valido saber aprender algo de historia militar y entender que a todo sistema defensivo le sucede un nuevo y más letal método ofensivo, en una inagotable cadena de acción-reacción. Siempre ha sido así en todos los conflictos y lo seguirá siendo en los del futuro.

Con todo, el problema de fondo de la política de la ministra de Zapatero es que es sólo eso: una política de imagen, nada de preocupación por el fondo de las cosas relativas a la cartera que le tocó gracias a su coach político, otrora el cósmico ZP.

A Afganistán fuimos por un problema de imagen. Había que contentar a Estados Unidos e intentar convencer al mundo que no éramos un país que huía de todos sitios. Ahora ya no sabemos para qué seguimos allí. Obama ha dicho que se va. Y los talibán le han oído fuerte y claro. Pueden esperar y pueden intensificar los ataques contra la coalición para forzar una retirada aún más apresurada.

En buena lógica, abandonar bajo estas circunstancias aquel país sería rendirse no a la evidencia, sino a la insurgencia. Pero el problema estriba en que continuar en suelo afgano va a ser inútil del todo. España no puede contribuir a cambiar la suerte de aquel país toda vez que las tropas americanas se preparan para salir. Seguir allí, para mantener una cierta imagen de solidaridad ante los aliados, algo que se puede explicar por la mala imagen que arrastra la España de Zapatero. Es loable, pero empecinarse en una presencia que sirva para una retirada americana más ordenada excede con mucho la obligada solidaridad colectiva. Nadie de nuestros ejércitos, ni de la OTAN, debería morir por Obama. Y la verdad es que nadie muere ya por un Afganistán mejor.

Zapatero llegó al poder de la mano de una retirada, de Irak. Y se va a ir de la mano de otra salida, la de Afganistán. En buena lid, lo que debería hacer ya es poner una fecha límite y cercana, cuanto más, mejor, para traer a nuestra tropas de aquel teatro. Ni son decisivas ni asumen los riesgos por una noble causa ya. Sólo lo hacen por expiar el pecado original del socialismo español y para evitar una segunda muerte política de la actual ministra de Defensa. Sacrificada por ZP en sus ambiciones presidenciales, ser la viva imagen del Vietnam afgano sería una segunda losa insalvable para su carrera política.

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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