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Largas primarias

Sin votos no hay dinero, y sin dinero no hay campaña, aunque Santorum ha puesto una pica en Flandes rompiendo casi la regla con una campaña de colosal esfuerzo y mínimo presupuesto

GEES
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La larga y pesada marcha de las primarias republicanas hacia la convención de Agosto en Tampa dió otro paso más el sábado 24 en Luisiana, un paso que tampoco esta vez es decisivo, pero prolonga el camino en un entorno cambiante y mantiene un mínimo grado de imprevisibilidad. Un estado del Sur, como mucho conservador, evangélico y miembro del Tea Party entre la grey republicana, le ha dado un nuevo balón de oxígeno a Santorum con una victoria de mayor amplitud que la muy holgada que Romney se había anotado cuatro días antes, el martes 20, en el más importante Ilinois. En Luisiana el exsenador duplicó al exgobernador en delegados obtenidos, pero la cosecha ha sido magra porque la mitad se los reserve una posterior convención estatal del partido. Las próximas etapas abrileñas son poca propicias para el conservador pero no suficientes para que el “moderado” se alce con la mayoría que le asegura el enfrentamiento con Obama. Es casi imposible que nadie le supere en compromisarios y es posible, pero todavía difícil, que se haga con la mayoría absoluta.

Los directivos del partido deben estar maldiciendo la hora en la que se les ocurrió modificar las normas para la selección de los que finalmente eligen a su paladín frente al de los demócratas. Todavía en el 2008, el año de Obama, la regla era "el ganador se lo lleva todo", lo que simplifica mucho y acorta el agotador proceso. Cambiaron el calendario, propiciando el alargamiento, e introdujeron la proporcionalidad, pero no en todos los casos y con tal número de variantes que no hay dos estados que sigan idéntico sistema. Hasta la misma contabilidad de los delegados comprometidos con cada aspirante tiene algo de problemática, así que las cifras se dan citando a la entidad responsable del cálculo, más que recuento.

Para hacerse con la victoria antes de finalizar la carrera, que termina a finales de junio precisamente en Utah, la patria del mormonismo, donde Romney tiene un pleno garantizado, lo que necesita es que al menos su más próximo rival tiene la toalla. Ninguno está dispuesto a hacerlo, luego la decisión está en manos de los electores y los que apoyan financieramente. Sin votos no hay dinero y sin dinero no hay campaña, aunque Santorum ha puesto una pica en Flandes rompiendo casi la regla con una campaña de colosal esfuerzo y mínimo presupuesto, lo que no deja de ser un admirable tanto a su favor.

Se puede discernir un mensaje coherente en el comportamiento colectivo de los votantes. Han estado proclamando que Romney no les convence aunque reconozcan que es la opción menos mala frente a Obama. Hay ciertos indicios de que comienzan a pensar que la proclama ya ha quedado suficientemente clara y que ahora hay que dar prioridad a la cita de comienzos de Noviembre con el país . En Ilinois Romney realizó progresos entre las categorías –lo que en el argot electoral americano se denomina demographics- más favorables a Santorum.

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