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Las elecciones americanas y los demás

Aunque se dice que en el sistema americano presidente y congreso están condenados a entenderse, dado el grado de oportunismo, sectarismo y radicalismo –suena próximo, ¿no?- hacia el que han evolucionado los demócratas, produce escalofríos pensar en la par

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Hay republicanos que piensan que es preferible perder la mayoría en las dos cámaras en las elecciones legislativas de medio mandato, el próximo noviembre, porque los demócratas inexorablemente harían tales disparates que en las presidenciales del 2008 alejarían de las urnas a un parte de su electorado provocando la máxima movilización de sus rivales, que alcanzarían así la victoria, por mal que fuese la guerra en Irak. Hay demócratas que piensan lo mismo a la inversa, para lograr un presidente del partido, mejor no ganar ahora. Pueden decir que se trata de que los republicanos se sigan cociendo en su propio caldo y la guerra siga haciendo estragos en la opinión doméstica, pero hay serias sospechas de que en todo caso se temen a sí mismos y no ven descabellada la hipótesis catastrofista.

Pero como sucede habitualmente en política, la mayoría de cada bando prefiere el pájaro en mano cuanto antes. El partido del asno teme la consolidación como mayoritario del partido del elefante y no se resigna a perder esa ventajosa situación que disfrutó desde finales de la Primera Guerra Mundial hasta la segunda victoria del segundo Bush. Los republicanos, aún no llegándoles la camisa al cuerpo por temor a que sea cierto que seguir asumiendo toda la responsabilidad dos años más socava sus futuras expectativas presidenciales, piensan sin embargo que el costo de los estropicios de todo tipo que los demócratas causaría al país si obtienen rienda suelta legislativa es demasiado alto como para correr el riesgo.

No es tanto lo que podrían directamente imponer, que chocaría con el veto presidencial, sino lo que impedirían hacer. Aunque se dice que en el sistema americano presidente y congreso están condenados a entenderse, dado el grado de oportunismo, sectarismo y radicalismo –suena próximo, ¿no?- hacia el que han evolucionado los demócratas, produce escalofríos pensar en la parálisis gubernamental que podría darse. Para empezar, difícilmente reprimirían la tentación, ya claramente manifestada, de intentar destituir a Bush mediante un proceso de impeachment.

Nada que afecte a la hiperpotencia deja indiferente al resto del mundo. Muchos gobiernos están tan pendientes de las próximas elecciones como los mismos americanos. Irak y los continuos problemas internos de Bush a lo largo de su segundo mandato han debilitado la posición de Estados Unidos en el mundo. Cada punto de caída en las encuestas de opinión es un problema para unos o causa de satisfacción para otros. En esas circunstancias hay que estar al acecho y aplazar las decisiones tratando de ganar tiempo. La amistad con Estados Unidos puede ser menos rentable, la hostilidad puede encontrar mejores oportunidades. Insurgentes y terroristas iraquíes pueden tener muchos motivos para continuar su destrucción de la economía del país y sus masacres de los mayoritarios chiíes, pero no es el menor las perspectivas electorales americanas. Si la administración Bush experimenta un revolcón sus ánimos crecen, si es refrendada por los votantes sus esperanzas menguan. Los ayatolás iraníes juegan a deshojar la margarita nuclear por muchas razones, pero en todo caso no darán un paso decisivo hasta que no vean claro el panorama de Washington. Chinos y rusos se beneficiarán al máximo de toda debilidad americana, así que vale la pena esperar unos meses y no enseñar demasiado la oreja antes de tiempo.

Si la administración actual sigue contando con ambas cámaras la acción exterior se verá indudablemente reforzada pero algunos podrán asumir otros dos años de ambigüedad y espera. El gran cambio vendría con la realización de la pesadilla de bloqueo y parálisis en Washington. La cuestión es que las perspectivas no acaban de aclararse. Cuando la derrota republicana parecía irremediable el partido vuelve a levantar cabeza. El mundo sigue en compás de espera.

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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