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Las razones de un ataque

Afirmar, como se viene haciendo, que la respuesta israelí al asesinato y secuestro de unos soldados es una reacción desmedida es un acto de ignorancia o de cinismo.

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Los acontecimientos se han precipitado una vez más en Oriente Medio. Israel se encuentra de nuevo en guerra, en un ejercicio de legítima defensa que casi nadie niega pero que muchos matizan por la intensidad de la respuesta.

Las milicias de Hamas en Palestina y las de Hezbolá en Líbano han actuado de forma coordinada para atacar a Israel primero desde el sur, en la frontera con Gaza, y luego en la frontera norte, con Líbano. Esta acción conjunta responde a un conjunto de razones de orden estratégico fáciles de señalar, que empujaban a ambos grupos, más por necesidad que por deseo, a reabrir el conflicto armado.

Hamas ganó inesperadamente las pasadas elecciones legislativas y asumió la responsabilidad de gobernar. Su negativa a reconocer el derecho a existir de Israel y a condenar y prohibir el ejercicio del terrorismo abocó a una pérdida de la ayuda internacional proveniente de Europa y Estados Unidos. Sin esa ayuda la viabilidad de Palestina era muy limitada. Al Fatah, el perdedor de las elecciones, aprovechó la situación para intimidar al gobierno mediante acciones de fuerza y, finalmente, con la amenaza de convocar desde la Presidencia un referéndum para que la población se pronunciara sobre su disposición a reconocer la existencia de Israel. De haberse convocado, los dirigentes de Hamas se habrían encontrado deslegitimados por la población al mismo tiempo que incapaces para mantener los servicios del estado por insolvencia financiera. Los islamistas palestinos tenían que bloquear un proceso que se volvía contra ellos y en favor de sus rivales nacionalistas. ¿Qué mejor que provocar una campaña militar contra Israel para evitar el referéndum y hacerse de una vez para siempre con la bandera del nacionalismo árabe al oeste del Jordán?

Hamas carece de la capacidad suficiente para mantener una campaña prolongada. Necesita sumar fuerzas y éstas tenían que llegar de fuera. Hamas lleva años recibiendo protección y ayuda de Irán y Siria. Hezbolá, el grupo terrorista chiíta libanés, y multinacional del terror al servicio de los intereses del régimen teocrático iraní, ha sido hasta la fecha el encargado de formar y dotar de medios a las milicias al-Qasam, brazo armado de Hamas. De esta colaboración proceden los ya conocidos misiles caseros al-Qasam, con los que se bombardean las ciudades limítrofes israelíes.

El ataque de Hezbolá, calcado del realizado previamente por Hamas –penetración en territorio israelí, ataque por sorpresa a una pequeña unidad militar y secuestro de soldados– no es sólo el resultado de un acto de solidaridad islamista. Hezbolá es parte del entramado político libanés, particularmente afectado por la presión franco-norteamericana para expulsar a las fuerzas militares sirias del suelo libanés y permitir el libre ejercicio de las instituciones democráticas. Desde el primer momento se hizo patente que tanto Siria como sus aliados islamistas estaban dispuestos a impedir la normalización del país mediante la reapertura de la Guerra Civil, como ya indicamos desde estas páginas. Al final, el primer paso se ha hecho en clave palestina, aunque las consecuencias pueden ser las mismas.

Siria, con este paso, trata de recuperar su influencia en Líbano y superar la humillación a la que fue sometida. El régimen baasista ha rechazado el proceso de paz y ve con alivio como se abren nuevos frentes para Israel, sometiendo al pequeño estado judío a un desgaste –económico y psicológico– que espera sea fatal. Lo acontecido también supone un mensaje para Estados Unidos. Las continuas amenazas de Bush se ven respondidas con la apertura de nuevos conflictos, mientras el de Irak no remite. El gobierno de Damasco no tiene capacidad militar para enfrentarse al gigante norteamericano pero quiere dejar claro a Estados Unidos que sí la tiene para encender cuantos fuegos considere necesarios.

Irán actúa desde una posición de fuerza, incomparable con la de Siria. Con las segundas reservas de petróleo y de gas más importantes del planeta e importantes recursos minerales, cuenta con el respaldo de Rusia y China para seguir adelante con su programa nuclear y de misiles. Su principal ambición es convertirse en el centro del Islam, desplazando a la corrupta monarquía saudita y colocando a la Chía, a la comunidad de los chiítas, en el puesto central que nunca debieron perder. Esta ambición hegemónica va indisolublemente unida a una interpretación islamista del credo musulmán. De ahí su estrecha colaboración con Hamas, a pesar de ser ésta una organización sunita estrechamente vinculada a los Hermanos Musulmanes. El ayatolá Jamenei mide sus pasos y con esta reapertura del conflicto israelo-palestino trata de minar la resistencia israelí, fortalecer la causa islamista en Palestina y Líbano y enviar un nuevo y desafiante mensaje a Estados Unidos para que acabe de aceptar el papel que, en su opinión, corresponde a Irán.

Afirmar, como se viene haciendo, que la respuesta israelí al asesinato y secuestro de unos soldados es una reacción desmedida es un acto de ignorancia o de cinismo. Estamos ante una ofensiva islamista en toda regla dirigida tanto a salvar los intereses de organizaciones radicales en peligro como a debilitar a Israel y la influencia occidental en la región.

El planteamiento primero de intercambiar secuestrados por prisioneros, en cantidades desiguales, ya lo conocíamos de anteriores campañas. De haber entrado Israel en este juego sólo había logrado minar su seguridad hasta límites extremos. Un secuestro cobrado lleva a otro y otro. Al final, las cárceles israelíes quedarían vacías de terroristas palestinos, dejando en un esfuerzo estéril el excelente trabajo que vienen haciendo el conjunto de organismos que en Israel tienen como cometido la seguridad interior y situando al país en una situación de extrema vulnerabilidad. El gobierno de coalición presidido por Olmert ha hecho bien rechazando el chantaje islamista y yendo directamente contra sus responsables.

Tampoco es aceptable afirmar, como se está haciendo, que es sólo la acción de dos grupos. Ambos son instrumentos, en mayor o menor medida, de la acción concertada de Siria y, sobre todo, de Irán. Se puede afirmar sin temor a errar que el doble ataque sufrido en los primeros momentos por Israel es responsabilidad de estos dos países.

Un tercer argumento que leemos u oímos con facilidad es el referido a la inocencia de palestinos y libaneses. Durante años se ha exigido a Yaser Arafat que desarmara los distintos grupos terroristas, empezando por los que él directamente controlaba, y siempre se negó. El terrorismo ha sido una táctica conscientemente asumida por los dirigentes palestinos de al-Fatah y de Hamas. Si en su momento los hubieran combatido y exterminado no nos encontraríamos todos, y ellos particularmente, en la situación en la que tristemente nos hallamos. Lo mismo podemos decir de Hezbolá. El grupo está condenado expresamente por el Consejo de Seguridad, que ordenó su disolución. Distintos gobiernos han evitado el enfrentamiento y ahora se encuentran con el resultado de sus actos.

Israel ha sido atacado injustificadamente en su territorio de soberanía y ha reaccionado penetrando en Gaza, Cisjordania y Líbano en busca de los responsables de esos actos. Puesto que tanto Siria como Irán son parte de la coalición atacante, es posible que se lancen operaciones contra territorio de estos dos estados. La campaña no debería parar hasta que la seguridad en ambas fronteras haya sido restablecida, lo que implica un serio debilitamiento de las capacidades de Hamas y la desaparición de las milicias de Hezbolá del sur del Líbano. Al mismo tiempo, la comunidad internacional debe castigar severamente a Siria e Irán por su complicidad en estos hechos de enorme gravedad.

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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