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Las verdaderas causas

La causa última del terrorismo es su éxito. No es la pobreza, como compasivamente suele argumentarse.

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Cuando alguien dice que para entender el terrorismo uno debe comprender primero sus causas, se está dando, consciente o inconscientemente, un gran paso para justificar un supuesto “terrorismo bueno” y diferenciarlo del “terrorismo malo”. Las causas explican y justifican muchas cosas, incluso aquello de que lo que para uno es un terrorista, para otro es un luchador por la libertad. El presidente Rodríguez Zapatero ha hecho unas referencias a las causas últimas del terrorismo que aconsejarían que alguno de sus asesores le refrescara el curso básico de lo que es y no es el terrorismo.
 
La causa última del terrorismo es su éxito. No es la pobreza, como compasivamente suele argumentarse. Hay muchos indicios de ello. Comenzando porque los países más pobres no suelen ser los principales productores de terroristas, por ejemplo. Ni en sus orígenes, ni en su historia (¿cómo explicar ETA o la Baader-meinhoff?) ni en su actualidad (Arabia Saudí. Irán y el Oriente Medio). Tampoco puede defenderse que los terroristas, tomados individualmente, son reflejo de las capas más pobres de la sociedad. Desde sus comienzos eran pequeño burgueses quienes arrojaban bombas en pos de un anarquismo nihilista; profesionales liberales quienes se refugiaban en los grupúsculos izquierdistas europeos; e hijos de ricas familias, educadas, quienes estuvieron, por ejemplo, tras el 11-S. Ahí está el claro ejemplo de Bin Laden. No fue la pobreza la que le llevó a convertirse en el cerebro de Al Qaeda desde luego.
 
Es cierto que no se debe mezclar el fenómeno terrorista ligado a los grupos marxistas revolucionarios de los años 60 y 70, con grupos armados que buscan un cambio de gobierno por la fuerza, con el terrorismo independentista. Cada caso refleja una problemática distinta y, por tanto, una razón de ser diferente. Pero también es cierto es que no por dar satisfacción a sus demandas más profundas se acaba con el fenómeno terrorista. Para acabar con el terror hay que vencerlo. Su supervivencia es su éxito. Cada vez que asestan un golpe y se crea la opinión de que se han salido con la suya, esto es, que han sido exitosos, se les alimenta en su ambición, se les refuerza en su fascinación y se les abre las puertas a un mayor reclutamiento. Por el contrario, cuando a través de medidas policiales, una buena inteligencia, acciones encubiertas y operaciones militares, no sólo se hace más difícil ser terrorista, acceder a sus redes, recibir entrenamiento y adoctrinamiento, sino que se presenta una clara falta de perspectiva para sus acciones violentas, es decir, cuando no pueden gozar de la imagen de que tienen éxito, ese el verdadero momento cuando su derrota se ha alcanzado. Cuando integrarse en un grupo terrorista es percibido como un enorme sacrificio que no conduce a nada.
 
Y para lograr eso, no hay que tener en cuenta las causas últimas del terror. Hay que olvidarlas y aplicar todas las medidas que tiene una democracia a su disposición para luchar contra todos los terroristas y terrorismos. Sin distinción. Si Zapatero todavía no se ha dado cuenta de eso nos augura un porvenir más que negro. Con ETA y con todo lo demás.

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