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Lecciones energéticas en pleno invierno

Es escandaloso que en nuestro país se estén dilapidando ingentes recursos públicos en subvencionar energías como la solar para beneficio de unos pocos avispados promotores y que la capacidad de potencia no sea fiable, segura y barata.

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La ola de frío polar nos está trayendo unas interesantes e inesperadas lecciones en materia energética que no debemos pasar por alto. Ayer España estuvo a punto de registrar otro máximo en potencia eléctrica consumida. Según las cifras de Red Eléctrica Española, la punta de demanda en el sistema peninsular fue de 44.385MW a las 18:39, muy cerca, del record de los 45.000MW del invierno pasado. El propio gestor técnico de la red de transporte proporcionaba al mismo tiempo una información muy interesante y digna de no pasar desapercibida. De la potencia generada a las 18:39 –es decir en el pico de máximo consumo–, sólo un 3,6% correspondía a energía eólica y la parte más importante, la más fiable y más económica, era suministrada por la energía más denostada por la clase política española: la nuclear.

Hoy, mañana, tarde o temprano, se superará el máximo histórico y la dura –y más que nunca, fría– realidad es que la apuesta por la energía eólica no es acertada ya que cada vez es más difícil cubrir la demanda. Red Eléctrica aplicó ayer los contratos de interrumpibilidad de suministro y tuvo que actuar sobre los intercambios internacionales pero, ¿qué habría pasado si ayer u hoy una central nuclear estuviera fuera de funcionamiento? Simplemente habría habido apagones generalizados.

Continuemos con los números. Con ni siquiera el 10% de la potencia instalada total, la energía nuclear proporciona alrededor del 30% de la generación frente a energías renovables como la eólica o la solar que con una capacidad de potencia instalada en torno al 15%, que apenas pueden satisfacer una parte muy pequeña de la demanda. A la hora de la verdad demuestran que no son fiables, ya que no se puede contar con ellas para mucho más que para emitir publicidad engañosa con la que se lucran los promotores gracias a las interesantes primas pagadas por todos.

Sigamos con las lecciones. Hacia la misma hora del día de ayer, Francia, con las mismas condiciones climatológicas adversas, superó los 92.000 MW de potencia eléctrica demandada, pero con una diferencia. En este caso, más del 80% de la misma se generó mediante centrales nucleares y el operador EDF no sólo careció de problemas de generación, sino que fue capaz de vender a precios récord sus enormes excedentes de producción eléctrica en los mercados europeos, incluyendo España. Hay que añadir que Francia está construyendo una central nuclear y tiene dos más en proyecto. No es muy difícil inferir dónde el coste real de la energía –es decir, sin subvenciones encubiertas como en el caso español– debe ser superior; en un lugar con una buena planificación y una generación barata y segura o en otro sitio con mucha demagogia y mucha conciencia limpia pero sin planificación, sin generación barata y con tanta incertidumbre como ignorancia.

La tercera y última lección viene de Europa del Este. Tras la crisis entre Rusia y Ucrania respecto al tránsito de gas, varios países de la Unión Europea han visto mermado su suministro energético. La solución ha venido impuesta por la fuerza. Ucrania ya anunció tras la crisis de 2006 que reconsideraría su estrategia energética y ha anunciado que construirá nada menos que 11 reactores nuevos y reemplazará otros nueve doblando de aquí al 2030 su capacidad nuclear. Los países bálticos han acordado que estudiarán la posibilidad de construir una central nuclear como las que están realizando en Finlandia y a ello hemos de añadir que la República Checa, Eslovaquia, Hungría y Rumania han confirmado su decisión de incrementar significativamente su generación nuclear. En definitiva, si Gazprom es el arma energética de Rusia, la energía nuclear es el único escudo para la Europa del Este.

La conclusión a extraer es clara, pues tanto por seguridad de suministro como por cuestiones económicas, la energía nuclear es la única alternativa. En Europa del Este como en Reino Unido, Finlandia, Francia y pronto Italia han aprendido la lección. En España, por el contrario, ni siquiera se abre el debate mientras las limpias y verdes conciencias de nuestros parlamentarios y de la mayor parte opinión pública ignora o pretende ignorar la realidad y a lo que nos abocará esta falta de previsión. Es de por sí escandaloso que en nuestro país se estén dilapidando ingentes recursos públicos en subvencionar energías como la solar para beneficio de unos pocos avispados promotores pero es que además es sumamente peligroso el que la capacidad de potencia que se esté instalando en España no sea fiable, segura y barata. Cuando llegue el examen unos aprobarán y otros suspenderemos.

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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