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Natan Sharansky defiende con tanta claridad como pasión que la libertad y la democracia son un bien universal, independiente de razas, religiones o zonas del mundo

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Poco antes de su segunda toma de posesión, el Presidente George W. Bush recomendó la lectura del último libro de Natan Sharansky, The case for democracy. La semana pasada, durante una de sus clases en la universidad de Georgetown, el ex presidente José María Aznar hizo referencia a la misma obra, sugiriendo también su lectura. El libro se ha agotado rápidamente en las librerías americanas y es de esperar que algún editor español se atreva con su publicación en castellano.
 
No es de extrañar que ambos líderes políticos recomienden el ensayo de Sharansky, un disidente en la ahora extinta Unión Soviética, encarcelado durante trece años por sus ideas, liberado gracias a la intervención directa de Ronald Reagan, afincado en Israel donde ha ocupado diversas responsabilidades ministeriales, tanto con laboristas como con Netayanhu.
 
Y no es de extrañar porque Natan Sharansky defiende con tanta claridad como pasión que la libertad y la democracia son un bien universal, independiente de razas, religiones o zonas del mundo. Es más, Sharansky también argumenta que el terrorismo islámico tiene su origen no en la pobreza, la incultura o las acciones de las naciones occidentales, sino en todo lo contrario, en la opresión política y la tiranía religiosa impuesta por las teocracias del Oriente Medio. De ahí que toda su obra esté construida para explicar cómo introduciendo libertad y democracia en esa región del mundo, se estarán poniendo las bases para acabar con el caldo de cultivo del terrorismo internacional.
 
Sharansky coincide plenamente con las tesis de los neoconservadores y sustenta brillantemente la opción estratégica adoptada por el presidente Bush desde los ataques del 11-S y recientemente validada tanto en su “discurso de la libertad” del pasado 20 de enero, como en del “Estado de la Unión” del pasado miércoles.
 
Puede que los ejemplos de Alemania y Japón, tras el 45, queden algo alejados para unas generaciones poco acostumbradas a recordar la Historia; pero el caso de Timor Oriental, tiene menos de media docena de años; Afganistán y sus elecciones datan de octubre pasado; y las de Irak, de hace ocho días. Nada parece contradecir la aseveración del ex presidente español de que “la Historia favorece la libertad”.
 
De Zapatero dicen que no lee nada, pero es una lástima que el actual ministro de exteriores, Miguel Angel Moratinos no lea el libro de Sharansky. Claro, que a lo mejor no tiene tiempo tan ocupado como está leyendo las cartas que le envían sus embajadores. Con lo que viaja Aznar no tendrá tiempo para más cosas.

GEES, Grupo de Estudios Estratégicos

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