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Liderazgo militar

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El denominado “problema militar” fue probablemente una de las asignaturas más difíciles de superar de nuestra transición democrática. El sometimiento pleno de las Fuerzas Armadas al poder político fue una tarea que iniciaron los gobiernos de UCD y se culminó probablemente a mediados de la década de los 80. Sin embargo, la feliz superación de ese problema ha dejado dos secuelas no tan saludables para la España actual: la irrelevancia social de las Fuerzas Armadas y la debilidad del liderazgo militar en el seno de nuestros Ejércitos.
 
El actual Gobierno socialista está aprovechando a fondo ambas circunstancias para obtener la máxima rentabilidad política de la retirada de nuestras fuerzas de Irak. Nunca una retirada tan apresurada habrá sido vendida como una mayor victoria política y militar. Parece que cuanto más apretado es el paso de nuestros soldados para alejarse del peligro más henchido se encuentra el pecho electoral del Gobierno socialista.
 
Lo más inquietante es, sin embargo, el obsceno uso electoral que el PSOE está haciendo de nuestras Fuerzas Armadas. La bandera del PSOE recibiendo a las tropas es una de las fotos más indignantes y más inquietantes en nuestra historia reciente. Los ejércitos no son patrimonio de ningún partido, sino una institución esencial para garantizar la seguridad de todos los españoles.
 
En esta situación, los altos mandos de nuestras Fuerzas Armadas deberían ser extraordinariamente cautelosos. Porque una cosa es acatar las ordenes del Gobierno con la máxima disciplina y diligencia, como corresponde, esté quién esté en el poder, y otra cosa es prestarse al juego político dando cobertura profesional ante los periodistas a decisiones que son puramente políticas y manifiestamente interesadas en términos electorales.
 
A estas alturas de nuestra historia democrática, nuestros militares han demostrado unas credenciales constitucionales indiscutibles. Un exceso de servilismo frente a un gobierno de izquierdas, ya sea fruto de complejos del pasado o de meros intereses personales, no sólo estaría fuera de lugar, sino que puede resultar contraproducente para el país y para sus Ejércitos, en especial ante un Partido que ya ha demostrado no tener el más mínimo pudor para patrimoniolizar las instituciones. Por el contrario, parece que es momento de recuperar un liderazgo militar que sin trascender el estricto ámbito de las propias Fuerzas Armadas permita a nuestros soldados recuperar la voz en los asuntos que les incumben, fortalecer su cohesión y asumir los difíciles retos que sin duda les esperan en el futuro.
 
Al error político y estratégico que ha cometido el Gobierno con su precipitada decisión de retirarnos de Irak no debería sumarse ahora la cobardía de mostrar alivio por alejarse del peligro. En una democracia, los errores de un Gobierno pueden enmendarse en pocos años, pero recuperar el honor de un ejército puede ser cuestión de décadas e incluso siglos.
 
GEES: Grupo de Estudios Estratégicos.

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