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Lo importante de Zarqawi

Después de tantas esperanzas defraudadas nadie en el mundo oficial ha celebrado el acontecimiento cayendo en excesos de optimismo, ni el mismísimo Bush, que en moral deja muy chiquito al famoso Alcoyano

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El impacto de la muerte de Zarqawi ha sido objeto de intensa discusión en los tres últimos días. Respecto al futuro las más sofisticadas predicciones suelen equivocarse en mucho más que si se hicieran a cara o cruz y sobre organizaciones clandestinas como la suya sabemos poquísimo. Por tanto el debate es altamente especulativo. Podemos estar seguros de que no faltarán candidatos a reemplazarlo pero no será nada fácil, de hecho casi imposible, encontrar uno con el carisma que gozaba entre sus adeptos. Quien lo sustituya tendrá que crearse un nombre y eso lleva tiempo. Su prestigio era un eficaz banderín de enganche. Excepcional era, sin duda, su talento táctico. Tampoco ahí le deja las cosas fáciles a su sucesor.

Después de tantas esperanzas defraudadas nadie en el mundo oficial ha celebrado el acontecimiento cayendo en excesos de optimismo, ni el mismísimo Bush, que en moral deja muy chiquito al famoso Alcoyano. La insurgencia continuará en Irak y el terrorismo islamista en el mundo, pero el golpe que han recibido no es despreciable. Cuentan con un mártir donde antes tenían a un ídolo, pero han perdido a su más importante agente operativo, al único que ha sido capaz de mantenerse en la brecha durante tres años y ¡con qué eficacia! Puede que hasta se le haya hecho un favor a Bin Laden: se queda con el mártir pero sin su más peligroso competidor y tratará de colocar a la cabeza de al Qaida En El País De Los Dos Ríos a alguien que le guarde mayor lealtad y no trate de desbancarlo, pero todas estas consideraciones palidecen en comparación con la importancia que tienen las circunstancias de la caída.

Los americanos han dado más información de lo habitual en operaciones de este tipo. Al hacerla pública se la están pasando al enemigo: ¿Inteligencia de la buena o intoxicación? Es ciertamente, una manera de engordar la noticia, mantenerla en primera plana varios días. No sólo la administración Bush sino también los mismos militares estaban muy necesitados de regalarse un éxito de entidad. Pero no podemos estar seguros de que esa sea la principal razón de la locuacidad. Sólo podemos estarlo de que lo dicho no es todo. Pero no sabemos cuánto de lo publicado es verdad. 

La clave está en el soplo. Según el portavoz del mando americano en Bagdad la información vino del interior de la estructura de Zarqawi. Si era un cazador de recompensas, por primera vez se demuestra, que sepamos, que el método funciona hasta entre fanáticos islamistas. Tienen algo más de lo que inquietarse. Si era un infiltrado o alguien que ha perdido la fe, el motivo de preocupación no es menor. El recelo interno crece y la identificación del traidor creará tensiones y llevará tiempo. Los militantes terroristas no saben si sus enemigos se han hecho con documentos comprometedores. Las diecisiete operaciones que se desencadenaron inmediatamente proceden de inteligencia que se estaba reservando para no poner en peligro la operación principal. No sabemos cuál fue su envergadura cuáles sus resultados. Puede que su principal propósito fuera precisamente magnificar la sensación de inseguridad entre los fieles del jefe abatido.

Pero mucho más importante sería que los datos que han llevado al éxito en la cacería procediesen de los insurgentes suníes locales, los que luchan por razones políticas y no religiosas. La atribución del soplo a una fuente interna a los jihadistas puede estar encubriéndolos. Hay una extraordinaria coincidencia: a las pocas horas del anuncio de la muerte de Zarqawi el nuevo jefe de gobierno presentó al parlamento su propuesta para cubrir las tres carteras vacantes e inmediatamente fue aprobada. Obviamente, la delicadísima cuestión política sobre la que se lleva discutiendo desde hace casi seis meses tenía que estar ya  pactada y muy bien pactada. Que la solución de una crisis vital para el futuro de las nuevas instituciones, sin el menor anuncio previo, se realice de esa fulgurante manera, es casi imposible que sea meramente casual. Si el liderazgo político suní ha podido y finalmente querido pagar el precio de la delación del mítico terrorista a cambio del ministerio de la guerra y garantías de que las milicias chiíes van a se frenadas, entonces la muerte de Zarqawi puede ser el hito más importante de la historia del Irak postsadamista.

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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