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Lo que Chacón no cuenta

Puede que al Gobierno español actual la presencia iraní le parezca bien –al fin y al cabo, menos dinero español a invertir allí–, pero la influencia que esa presencia está teniendo y va a tener no puede ser más nefasta.

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Para Rodríguez Zapatero y su ministra de Defensa no decir las cosas es igual a que éstas no existan. Ya se sabe, si no se pronuncia la palabra guerra, lo que hay es cualquier otra cosa en Afganistán, desde ayuda humanitaria a reconstrucción civil, pero nunca ataques y combates.

Otro día hablaremos de lo que no se nos dice al respecto, hoy nos centraremos en lo que tampoco se nos cuenta que pasa en la zona de actuación de las tropas españolas, la provincia de Herat. Porque según la ministra, nuestras inversiones y actuaciones allí serían las responsables de todos los avances logrados por la población afgana en la zona. Y nada más lejos de ser verdad. Quien realmente está detrás de la reconstrucción en Herat no es sino Irán. Y se debe suponer que la ministra está perfectamente al tanto gracias a las informaciones recogidas y analizadas por el CNI.

Pues bien, he aquí algunos datos: el pasado año, Irán, en el 2008, exportó a Afganistán, descontado el dinero del petróleo, bienes por unos 500 millones de dólares. Es más, su influencia económica se concentró justo en la zona de Herat, fronteriza con su propio territorio. Por ejemplo, la carretera desde la frontera de Qala al centro de la provincia y el tendido del ferrocarril que unirá a ambos países ha sido posible gracias a fondos iraníes y constructoras del mismo país. Lo mismo que el sistema eléctrico en Herat capital. Igualmente, Khodro, la principal fabricante de coches iraní ha anunciado la apertura de una planta automovilística en Herat, por valor de unos 20 millones de dólares. Y justo en Herat se acaba de inaugurar la primera cámara de comercio Afgano-iraní.

Puede que al Gobierno español actual la presencia iraní le parezca bien –al fin y al cabo, menos dinero español a invertir allí–, pero la influencia que esa presencia está teniendo y va a tener no puede ser más nefasta. Las infraestructuras están siendo acompañadas por labores educativas y religiosas orientadas a radicalizar la visión islámica de los afganos. Los libros iraníes corren libremente entre no sólo la minoría chií del país, sino en varias comunidades que ya dependen del dinero de Irán.

Irán está expandiendo las doctrinas del sismo delante de las narices de los soldados españoles sin que nadie diga o haga nada al respecto. ¿Deben nuestras tropas construir escuelas para el odio y la revolución? La respuesta es no. Y si Chacón fuese más honesta o supiese más de la realidad de Afganistán y sus vecinos debería hacer algo al respecto.

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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