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Los amigos de Chávez

Las reformas llevadas a cabo por Chávez a sangre y fuego en Venezuela no distan en el fondo demasiado de las reformas con las que Zapatero sueña para España. Es natural que Zapatero las vea con simpatía.

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Hugo Chávez tiene socios, enemigos, y amigos. Entre los socios destacan aquellos países que no tienen ningún tipo de relación especial con Venezuela, pero que coinciden en los mismos intereses: destacan sobre todo China y Rusia. La Rusia de Putin, que mira con desconfianza y desprecio al bufonesco dictador venezolano, pero que hace negocios con él, tanto en el campo energético como en el militar. De mano de Chávez, la Putincracia ha conseguido realizar maniobras militares en el Caribe, algo que ni Stalin lo hubiese soñado en sus mejores tiempos. En cuanto a China, el más gigantesco campo de concentración que jamás ha existido sobre la tierra, el intercambio económico es creciente. Los chinos pueden ver en Chávez a un pintoresco dictador bananero, pero también a un interesante socio económico, con el que tratar de desgastar la hegemonía económica norteamericana.

Sus enemigos son, en primer lugar, la sociedad civil venezolana que aguanta como puede el fuerte empuje del totalitarismo chavista. Decimos como puede, porque la violencia contra ella es cada vez mayor. En segundo lugar, entre sus enemigos están las democracias de Iberoamérica, empezando por Colombia y Honduras, atacada la primera vía FARC y narcotráfico, y desestabilizada la segunda con las milicias chavistas-zelayistas. En tercer lugar, están los Estados Unidos, que –por lo menos antes de la era Obama– estaban comprometidos con la democracia en el mundo y la libertad en América. En cuarto lugar, las democracias que hacen frente en primera línea a los regímenes antidemocráticos: Israel –al que Chávez dedica frecuentes insultos antisemitas y judeófobos–, Georgia –cuya desmembración ha defendido–, o Irak –donde apoyó la dictadura criminal de Hussein y donde muestra simpatía hacia los terroristas revienta-iraquíes.

Su club de amigos lo constituyen, primero, los regímenes más totalitarios del orbe: los hermanos Castro, a los que ha arrebatado el puesto de vanguardia del colectivismo en el continente; Daniel Ortega, el dirigente sandinista; Ahmadineyah, que busca convertirse en la vanguardia del islam contra Europa y Estados Unidos. En segundo lugar, sus amigos son los peones de Chávez en el continente americano, chavistas-leninistas entregados al imperialismo, por convicción o compra de voluntades a base de petrodólares: Evo Morales, Rafael Correa o el clan Kirchner. Tercero, aquellos grupos terroristas a los que Chávez aporta recursos materiales y humanos, como las FARC; a los que permite la entrada en el continente americano como el fundamentalismo islámico; a los que hacen negocios con él, como la mafia del narcotráfico; o a los que acoge de manera entusiasta impidiendo su extradición, como es el caso de los terroristas de ETA, lo que debe llenarnos de indignación.

Pues bien. A estos amigos, las FARC, Fidel Castro o el entramado etarra, Chávez añade ahora otros dos: Zapatero y Juan Carlos I. En cuanto a Zapatero y Moratinos, a estas alturas poco debe extrañar, porque existe una afinidad ideológica con Chávez evidente. No es que Zapatero no pueda tener otros aliados; es que no quiere. Las reformas llevadas a cabo por Chávez a sangre y fuego en Venezuela no distan en el fondo demasiado de las reformas con las que Zapatero sueña para España. Es natural que Zapatero las vea con simpatía, aunque se cuide mucho de hacer pública la foto con el dictador venezolano.

En cuanto a la amable y distendida recepción del Rey a Chávez, resulta dolorosa por varias razones. Primero porque D. Juan Carlos fue en un tiempo ejemplo para los países hispanoamericanos que buscaban acceder al club de las democracias occidentales; hoy recibe a su verdugo Chávez. Segundo, porque Chávez se significa por el desprecio y el insulto continuo hacia la histórica gesta de la Corona y la Nación españolas, de la que el Rey es heredero y de la que –por lo menos nosotros– estamos orgullosos. Tercero, porque respecto al día a día en nuestro país, Chávez aún cobija y esconde a los terroristas que asesinan a los mismos militares a los que la familia real llora en los funerales. Pocos enemigos habrá tan drásticos de España, de sus instituciones y de su sistema democrático. Y pocas veces el país ha estado tan poco a la altura de las circunstancias. 

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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