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Los franceses, hartos de sus políticos

Hollande dispone de un poder institucional superior al que tuvo Mitterrand, ya que la izquierda ocupa la presidencia, la Asamblea, el Senado, 21 de los 22 consejos regionales y los ayuntamientos de las principales ciudades.

GEES
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Por tercera vez seguida, el presidente de la república francesa elegido en mayo ha obtenido una mayoría absoluta parlamentaria en junio. Desde que en 2000 se redujese el mandato presidencial de siete a cinco años y en 2001 se colocasen las elecciones legislativas unas semanas después de las presidenciales, los tres presidentes electos desde 2002 (Jacques Chirac, Nicolás Sarkozy y François Hollande) han arrastrado a una victoria completa a su partido en la Asamblea, lo que ha evitado, por ahora, la repetición de las cohabitaciones, es decir, la convivencia forzada entre un ejecutivo y un legislativo de diferentes signos políticos.

Con 302 diputados socialistas, Hollande tiene ahora que aplicar su programa: aumento del número de funcionarios, disminución de la energía nuclear, implantación del matrimonio homosexual, subvención a las energías renovables, reducción de la edad de jubilación de nuevo a 60 años (la estableció Mitterrand en los 80), regulación de la eutanasia, nacionalización de docenas de miles de inmigrantes, reintroducción de las 35 horas laborales semanales... Como se ve, muchas similitudes con el que presentó su correligionario José Luis Rodríguez Zapatero, con los resultados conocidos. Ante el flamante presidente se abren dos caminos: el de Mitterrand, que tardó sólo unos meses en arrumbar sus planes de socialización de la economía ante su fracaso (estanflación, devaluaciones...) o el de Sarkozy, cuyos incumplimientos le acarrearon la derrota.

La V República, fundada en 1958, no ha sido un régimen propicio para la izquierda francesa. Sólo dos de los siete presidentes han sido de izquierdas, y de las catorce elecciones legislativas la izquierda sólo ha ganado cuatro: las de 1981, 1988, 1997 y 2012. Sin embargo, Hollande, por quien sus compañeros no daban un céntimo hace menos de un año, dispone de un poder institucional superior al que tuvo Mitterrand, ya que la izquierda ocupa la presidencia, la Asamblea, el Senado, 21 de los 22 consejos regionales y los ayuntamientos de las principales ciudades.

Otros datos nos permiten hacernos una idea del hartazgo de los ciudadanos franceses con su clase política. La participación en esta segunda vuelta ha sido del 55%; inferior a la registrada en las de 2007 y 2002, que fue del 60%, que cayeron diez puntos desde el 71% de las legislativas de 1997. La abstención en las elecciones regionales y europeas y en los referendos también es creciente. En cambio, la participación en las elecciones presidenciales ronda o supera el 80% desde 1974. Podemos deducir que los franceses eligen a su rey republicano y después se despreocupan de lo que ocurra.

Además, el Frente Nacional ha regresado al parlamento por primera vez desde que la izquierda modificase la ley electoral mayoritaria por la proporcional para facilitarle la obtención de diputados en las elecciones de 1986 y restar así votos al centro-derecha. Marine Le Pen, que ha sucedido a su padre, ha conseguido más votos que éste y tres diputados. El Frente Nacional es el partido preferido de la clase obrera, mientras que el PSF es el de los funcionarios y sindicalistas. El cordón sanitario en torno al FN es otra de las corrientes de agua que está horadando el edificio constitucional francés. La representación de los 3,6 millones de votantes del FN en la primera vuelta de las legislativas se reduce a tres diputados, mientras que la de los 1,6 millones de ecologistas se extiende a 18 gracias a los pactos entre los partidos de izquierda. ¿Por qué los votos de unos valen menos que los de otros?

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