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Los republicanos se comprometen

A los teapartiers les sabe a poco y los más radicales pueden oler cierta chamusquina de traición, pero sirve para tranquilizar a esos moderados, esos independientes que le dieron la victoria a Obama hace dos años y que ahora le han dado la espalda.

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Lo que le faltaba a la campaña republicana era una declaración, un programa. Todavía no les toca gobernar. Seguirán con Obama en la Casa Blanca, pero con una mayoría en la Cámara de Representantes tendrán que aprobar leyes propuestas por el Gobierno, por mucho que las modifiquen en el proceso parlamentario. Ya no valdrá que las impongan los demócratas con el voto en contra de una oposición impotente. De nuevo el sistema funcionará sobre el principio, tan ajeno a las democracias europeas, de que Congreso y Presidencia están condenados a entenderse. Es toda una incógnita ver cómo lo hacen dos protagonistas tan opuestos ideológicamente, ambos rígidamente doctrinarios y nada dispuestos al compromiso: el movimiento del Tea Party azuzando al Partido Republicano y Obama sin necesidad de que nadie lo azuce.

A cinco semanas de la elección, el vendaval que impulsa a los republicanos no da muestras de amainar. En esas condiciones algunos opinan que más valía dejar las cosas indefinidas, no dar un hueso que roer al enemigo. Pero el partido ha dado a luz su "Compromiso con América" sobre el que los demócratas han arrojado su bilis, que no es poca esta temporada, antes de tomarse la molestia de leerlo. El documento es sensato, moderado, algo vago y sin apelaciones retóricas a la exaltación. A los teapartiers les sabe a poco y los más radicales pueden oler cierta chamusquina de traición, pero sirve para tranquilizar a esos moderados, esos independientes que le dieron la victoria a Obama hace dos años y que ahora en dos tercios le han dado la espalda.

Pero el carácter contenido y razonable del documento, aunque a la izquierda le parezca todo lo contrario, no debe llevar a lo conclusión de que sea más tibio que el legendario "Contrato con América" de Newt Gingrich, que en el 1994 –las elecciones intermedias del primer mandato de Clinton–, les diera supuestamente a los republicanos la mayoría en la cámara baja –impropiamente llamada Congreso–, por primera vez en casi cuarenta años. La victoria fue debida sobre todo a cambios demográficos y el documento actual va más lejos en las reformas propuestas, con carácter solamente inicial, aunque muchas representen dar marcha atrás al múltiple endeudamiento promovido por la actual Casa Blanca, y en alguna medida también por su predecesor republicano.

Ese mayor calado de las actuales promesas electorales no tiene nada de extraordinario dado el empeoramiento de la situación debido a las contraproducentes medidas para luchar contra la crisis. Lo importante es que los compromisos sean más irreversibles de lo que lo fueron los del 94, no sólo en legislación sino también, incluso ante todo, en modos, actitudes y comportamientos políticos. En ese sentido, el que en el texto no figure expresamente la abolición de esas corruptelas legales que se llaman porc barrel o más finamente earmarks, cuñas presupuestarias para beneficiar a los distritos de los parlamentarios, puede resultar alarmante y un índice de la medida en que el "Compromiso" pueda serlo más entre políticos que con el país. Pero teniendo detrás el poderoso empuje del movimiento de los teapartiers, los trapicheos son muchos menos factibles.

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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