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Lukoil, los progres y el libre mercado

No se puede ignorar cuál ha sido y está siendo el comportamiento ruso en materia de distribución energética. Moscú ha chantajeado cuanto ha querido a sus vecinos, amenazando, la última vez hace un par de días.

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La vicepresidenta de la Vega y la corte de progres que suelen acompañarla se extrañan –y mucho– de que los conservadores españoles se manifiesten contrarios a la compra de parte de Repsol por la compañía rusa Lukoil. "¿No es la ley del libre mercado lo que se pone en duda?", dicen. Pues no, hay que responderles: es precisamente la salvaguarda del libre mercado lo que se intenta defender, ya que la compra de Lukoil significa limitar aún más, si no cerrarlo definitivamente, un mercado en manos de monopolios.

Para empezar hay que recordar cuál es la estrategia energética del Gobierno ruso y sus empresas, privadas o no. A saber, conseguir el dominio de toda la cadena energética, desde la extracción al hornillo de nuestras cocinas y caldera, pasando por la distribución. O sea, un control total y absoluto. Un monopolio global, al menos a escala europea.

En segundo lugar, también cabe recordar que las leyes antimonopolista y a favor del libre mercado no se aplican al territorio de Rusia. Precisamente porque el Kremlin no lo quiere y protege legal y alegalmente lo que cree que es el patio propio de sus compañías y del Kremlin mismo. Sin reciprocidad de compra y negocio no se puede hablar de libre mercado verdaderamente.

En tercer lugar, no se puede ignorar cuál ha sido y está siendo el comportamiento ruso en materia de distribución energética. Moscú ha chantajeado cuanto ha querido a sus vecinos, amenazando, la última vez hace un par de días, con cortarle el suministro de gas por razones poco o nada claras más allá de la intimidación política. Ahora Moscu se está centrando en Ucrania, para dividir más al país y forzar que su política de acercamiento a la OTAN le resulte muy costosa. Con actitudes como esa, resulta más que arriesgado depender exclusivamente de la buena voluntad de los magnates financieros y los líderes políticos que conviven en la Rusia de Putin.

Por último, cuando un país no produce la energía que consume (en gran medida porque el Gobierno, progre y verde, se niega a aumentar la capacidad nuclear), el suministro energético se vuelve un asunto clave y estratégico. El petróleo, hoy por hoy, nos guste o no, es una cuestión de interés nacional. Además, ya conocemos que para los países productores sí está claro que es un buen arma a la que están dispuestos a recurrir si les resulta útil y necesario.

Olvidar todo esto para defender teóricamente el libre mercado sólo es una prueba más de que Rodríguez Zapatero ni entiende lo que es el interés nacional, ni sabe qué es el libre mercado. O que si lo sabe, le importa bien poco. Quién sabe, a lo mejor es que aspira a seguir los pasos de su compadre Schröder y ocupar, algún día, la presidencia de alguna empresa de Putin. Tiempo al tiempo.

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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