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Malí. Creciente confusión en el Azawad

Si hasta ahora dicha región ya era conocida como zona de redespliegue del terrorismo yihadista salafista más ambicioso, ahora lo que se está haciendo es confirmarlo, con la desestabilización regional que ello va a generar en países cercanos.

GEES
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Tras hacerse público el pasado fin de semana el acuerdo entre el Movimiento de Liberación Nacional del Azawad (MLNA) y su escisión yihadista Ansar Eddine hay un motivo adicional para preocuparse sobre la posible evolución de la situación en el norte de Malí. El que los yihadistas acepten un acuerdo implica que la otra parte ha aceptado sus "mínimos", que tratándose de extremistas siempre serán maximalistas. La ceremonia de confusión que ha seguido a dicho acto formal abunda ahora en que el emergente "estado islámico del Azawad" no será en ningún caso un nuevo Afganistán, sino un Estado islámico basado en los mejores principios de tolerancia de las venerables cofradías de la zona. Será sin duda por eso que los yihadistas han arrasado tumbas de santones en la ciudad de Tombuctú, Patrimonio de la Humanidad, han destruido antenas parabólicas y persiguen con saña el alcohol, el tabaco o el juego.

Tiempos sombríos son los que esperan a los sufridos pueblos del Sahel, y ello en medio de una de las peores catástrofes humanitarias que ha vivido la región en mucho tiempo: el establecimiento firme de los radicales en el Azawad agravará las cosas, exactamente igual que hicieran en estos últimos años sus homólogos de Al Shabab y los piratas somalíes intensificando la crisis humanitaria en el Cuerno de África.

Pedirle desde el MLNA a Ansar Eddine que purgue a los elementos radicales de su seno, como aseguraba haber hecho el portavoz de dicho Movimiento, Bekkay Ag Ahmed, sonaría a broma si no fuera por lo dramática que es la situación. Grave porque, en paralelo a la reunión de estos dos grupos de los Tuareg, se habrían reunido también los terroristas de Al Qaida en las Tierras del Magreb Islámico (AQMI) con su escisión Movimiento para la Unicidad del Islam y el Yihad en el África Occidental (MUJAO), el primer binomio en Gao y el segundo en Tombuctú. Todo ello nos indica que la impunidad se impone en el norte de Malí, que a nadie o a casi nadie parece importarle demasiado que un país se rompa, y que la dimensión diplomática internacional sigue obnubilada, a través de la organización subregional Comunidad Económica de Estados del África Occidental (CEDEAO), más en reconducir la situación política en Bamako tras el golpe de 22 de marzo que en garantizar la perduración de dicho Estado como tal y reducir a los terroristas. Como vemos, el mundo al revés.

La gran preocupación africana y del resto del mundo debería ser la de neutralizar la progresiva constitución de una nueva base formal para el terrorismo yihadista salafista en el inmenso norte de Malí. Si hasta ahora dicha región ya era conocida como zona de redespliegue del terrorismo yihadista salafista más ambicioso, ahora lo que se está haciendo es confirmarlo, con la desestabilización regional que ello va a generar en países cercanos como Mauritania, Níger o Nigeria y aprovechando el erial de seguridad en el que se ha convertido Libia.

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