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¿Marte o Venus?

El estudio anual de opinión pública Transatlantic Trends ha confirmado que los norteamericanos y los europeos siguen pensando de forma muy diferente cuando se trata cumplir con las obligaciones políticas y militares en el ámbito internacional.

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Seguimos viviendo en planetas diferentes, unos en Marte y otros en Venus, como señaló en su momento Bob Kagan. El estudio anual de opinión pública TransatlanticTrends ha confirmado que los norteamericanos y los europeos siguen pensando de forma muy diferente cuando se trata cumplir con las obligaciones políticas y militares en el ámbito internacional.

Ni la llegada de Ángela Merkel ni la de Nicolás Sarkozy han conseguido evitar que un 58% de la opinión pública en Europa piense que el liderazgo americano es algo indeseable, aunque son aún más críticos con la gestión del presidente Bush –y por supuesto con su actuación en Irak– que sólo obtiene el aprobado del 17% de los europeos. Esto nos llevaría a pensar que tras las elecciones de 2008 en Estados Unidos las relaciones transatlánticas podrían mejorar, pero no. El 46% de los europeos opina que tras los comicios las cosas seguirán igual, es decir, igual de mal.

En cuanto a las amenazas que les afectarán a ambos durante los próximos 10 años, los norteamericanos sitúan en primer lugar la dependencia energética, seguida de una crisis económica de gran envergadura y del terrorismo internacional. Los europeos comparten en general las mismas amenazas aunque los norteamericanos siguen teniendo una percepción más acusada de ellas. Sin embargo, y según la encuesta, es el calentamiento global lo que preocupa realmente a los europeos y por el que se sienten realmente amenazados en la próxima década. Debe de ser porque los países miembros no han cumplido con los requisitos de Kyoto a los que se comprometieron en su día. Lo que no cabe duda es que la población europea es una firme seguidora del alarmista Al Gore y de sus apocalípticas conclusiones sobre el cambio climático.

Donde discrepan ampliamente, aunque ya no nos sorprenda, es en el uso de la fuerza para resolver los grandes conflictos del mundo. En Europa la mayoría apoya el envío de tropas para prestar ayuda humanitaria en Darfur, para contribuir a la reconstrucción de Afganistán, para mantener la paz en los Balcanes y para apoyar el alto el fuego en el Líbano. No apoyan, sin embargo, las operaciones de combate contra los talibanes, los mismos que comparten entre otras cosas el campo de entrenamiento con los terroristas que atentan en suelo europeo.

Las divergencias se amplían con respecto a Irán y Afganistán y a su percepción como amenazas directas. En el caso de Irán, además, el 47% de los europeos descarta la acción militar si la diplomacia fracasa, mientras que el mismo porcentaje de norteamericanos la aprueba. Irán y Afganistán son temas delicados en los que Estados Unidos y Europa trabajan juntos, pero con un futuro al parecer bastante incierto. Sin embargo, en la encuesta hay un resultado algo sorprendente que es el que hace referencia a la promoción de la democracia en otros países, un argumento firmemente defendido por lo neocon norteamericanos. El 71% de los europeos piensa que debería formar parte del papel de la Unión Europa.

Conclusión: como dijo Kagan, en un mundo peligroso como es el de hoy en día, es mejor ser Marte que Venus.

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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