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Polonia

Mártir, Polonia

De pocas naciones podrá decirse que son más creyentes que la polaca y que reciben peor trato de la providencia. Nación mártir, maltratada por la historia, que jugarreta tras jugarreta pone a prueba la resistencia de una nación. Que el accidente que se ha llevado por delante al presidente polaco y a más de cien compatriotas haya ocurrido cuando se dirigían a homenajear a sus familiares masacrados en Katyn parece una broma macabra de pésimo gusto. Pero es real.

Lech Kaczynski representaba a la generación católica, conservadora y atlantista abigarrada en las revoluciones pacíficas de los años setenta contra los soviéticos, capitaneadas por Walesa, antecesor en el cargo. Su personalidad fuerte y sus sólidas convicciones religiosas y políticas las ha sufrido la meliflua Europa durante los últimos años: plantó cara al Tratado de Lisboa, y en una revancha histórica memorable, se enfrentó con la canciller alemana durante la presidencia europea de Merkel. Si por algo se ha caracterizado Kacynski es por impulsar una Polonia fuerte dentro del concierto de naciones europeas. Ese es su principal legado.

Habrá que esperar para ver las consecuencias de la catástrofe. De cara al interior, y a corto plazo, los mecanismos institucionales previstos para catástrofes semejantes están funcionando bien: a diferencia de otros países del Este de Europa más devastados por los años de comunismo, las instituciones polacas están mostrando una madurez envidiable: el presidente del Parlamento, Komorowski, asume la Presidencia ahora, con Tusk, el primer ministro, como hombre fuerte. No hay vacío de poder, por tanto. Pero a medio y largo plazo, surge otro problema: no se trata sólo del presidente. En el avión viajaban familiares de las víctimas de Katyn, pero también un número alto de funcionarios de alto nivel, incluido el el jefe del Estado Mayor de la Defensa, periodistas y políticos. Buena parte de la clase dirigente polaca ha desaparecido, y no le será fácil al país reemplazarlos. Será el primer reto, tras el golpe moral inicial. A largo plazo, las instituciones no tienen por qué tener sobresalto alguno, y la mayoría liberal-conservadora parece garantizada por tiempo.

De cara al exterior, es evidentemente pronto para conocer las consecuencias. La política polaca de los últimos años se ha caracterizado por una firmeza responsable ante Rusia, por un compromiso abierto con los Estados Unidos, y por un europeísmo cada vez más desengañado. Respecto a lo primero, quiere la historia que el presidente polaco haya muerto en suelo ruso, en pleno rearme de la Putincracia moscovita, con la que estaba llegando a una cierta entente. Respecto a lo segundo, y pese al escarmiento sufrido por los polacos tras la retirada del escudo antimisiles, Polonia seguirá mirando con esperanza a Washington, porque no le queda más remedio si quiere respirar tranquila mirando al Este. Respecto a Europa, tanto Tusk como Komorowski, compañeros en Plataforma Cívica, son más europeístas que su fallecido presidente, de Ley y Justicia. La clave está en si a partir de ahora Polonia será capaz de continuar con el creciente protagonismo en la política internacional, que en buena medida provenía de las convicciones y principios sólidos de Kaczynski. Si no, se estancará.

En cualquier caso, la catástrofe muestra, una vez más, a la mártir Polonia.

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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