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Mater, siempre, Magistra, a veces

Si hemos de no tener miedo necesitamos un poco de sentido común, más ciencia económica y menos rostro político, y una fortaleza moral y militar que disuada a los enemigos.

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Juan Pablo II repetía frecuentemente: "No tengáis miedo", y Ronald Reagan decía: "No tengáis miedo de ver lo que veis". A pesar de ambos, estamos aterrados.
 
La semana económica la marca la reunión del G8. Ninguno de los países miembros está dispuesto a reconocer que la locura de gasto que pusieron en marcha hace nueve meses no sólo no está funcionando sino que está comprometiendo gravemente cualquier recuperación. Se dirá que al menos no se ha repetido la crisis del 29, no ha habido suicidios de banqueros ni quiebras de bancos. Es verdad, se ha trasladado la quiebra de los bancos a los fondos públicos que los han respaldado en la perpetua creencia no siempre coincidente con la realidad de que los Estados no quiebran. Veremos.

En todo caso estaba claro había que actuar en el corto plazo que era lo importante porque a largo, todos muertos. Y se debía contar con el multiplicador keynesiano. A día de hoy todos están dando marcha atrás a la máxima velocidad posible. Entre otros los alemanes con su propuesta de limitación constitucional de déficit del 0,35%, los holandeses con propuestas de reducción del Estado de Bienestar y hasta los franceses negándose a subir impuestos y empezando a preparar el camino para el desmantelamiento progresivo y vagamente indoloro del Estado de Bienestar. De eso, ni una palabra en L'Aquila. Tampoco nada de la detención absoluta de la construcción europea sin que se sepa siquiera si se volverá a votar Lisboa en Irlanda, cosa que sería de celebrar. Podría ser la ocasión para resucitar las cuatro libres circulaciones y una competencia bien entendida, o sea, no contra las empresas americanas, porque sabemos que eso, funciona.

En la cuestión de la evolución de la libertad en el mundo, a pesar del optimismo de quienes piensan que por fin la agenda Bush se está extendiendo, lo que se ve es la opresión en Irán, el recrudecimiento de la violencia en Irak, y una ofensiva muy seria en Afganistán que se está encontrando con la respuesta de los talibanes, que siguen siendo una amenaza. Al mismo tiempo violentas acciones racistas y anti-musulmanas en China, no respondidas por los amigos de la alianza de civilizaciones en España –tan gallitos con otros– y una comprensión generalizada de la llamada comunidad internacional por un presidente golpista frente al pueblo hondureño que se defiende como gato panza arriba. Sin olvidar que la falta de reacción de Occidente a todas estas barbaridades incita la acción de los tiranos y lleva a aquellos a quienes les va la vida en ello a tener que defenderse en situaciones mejorables. Que nadie se asombre si Israel no tiene más remedio que bombardear instalaciones nucleares iraníes, es que tanta delicadeza, comprensión y diálogo con los ayatolás no les ha dejado más opción.
 
Para culminar la cosa, si atendemos al profundo conocedor del Papa y la Iglesia, George Weigel, la encíclica se encuentra sembrada de tropezones del pontificio consejo de justicia y paz pretendiendo una revancha izquierdosa. Según argumenta, Centessimus annus resumió la doctrina social de la Iglesia hasta el momento mientras rechazaba la manida idea de una famosa tercera vía entre el capitalismo y el socialismo. Desde entonces el consejo pontificio habría estado detrás de su revancha tratando de implantar la línea de la Populorum progressio. Dice "es uno de los peores secretos guardados en Roma que dos, quizá tres, borradores de esa encíclica (de aniversario de Populorum progressio) fueron rechazados por Benedicto XVI". Considera que Caritas in veritate es una especie de híbrido entre el pensamiento profundo de Benedicto XVI sobre el orden social y la perspectiva del consejo de justicia y paz, marcadamente unilateral en sus preferencias. Mientras que las secciones benedictinas son fuertes y convincentes argumentos sobre la intrínseca relación entre la caridad y la verdad, están acompañadas de pasajes incomprensibles, y de otros, sugerentes de una mal entendido sentimentalismo que es precisamente contradictorio con el sentido general de la encíclica. Mientras la vertiente benedictina está en línea con la Centessimus annus y la idea de una economía libre, una entidad política democrática y una moral pública vital, la otra no se recata al apelar a una "autoridad mundial pública" como si no tuviera bastante con los contenciosos pendientes con la ONU especialmente en materia de aborto. Los que tengan ojos para ver y oídos para oír fijarán su atención en la vertiente benedictina, otros ya la están fijando en otras partes.

También dijo Reagan que no tenía ni idea de qué pinta hubieran tenido los Diez Mandamientos si Moisés hubiera tenido que hacérselos aprobar al Congreso. Imagínese al Vaticano. Si hemos de no tener miedo necesitamos un poco de sentido común, más ciencia económica y menos rostro político, y una fortaleza moral y militar que disuada a los enemigos. Los cristianos no son del mundo, pero están en el mundo, desentenderse de él para razonar con esquemas ideológicos preestablecidos no es avance para nadie.

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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