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Mayorías, geografías y estrategias

La actitud dominante entre los republicanos es de de contrito mea culpa, responsabilizando plenamente de la derrota a sus propias faltas y errores y esencialmente a las infidelidades respecto al ideario conservador.

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Meses antes de las elecciones había republicanos que pensaban que la única posibilidad de ganar en el 2008 era perder ahora, dando a los demócratas rienda suelta para hacer de las suyas y asustar al electorado con su radicalismo. También había demócratas que hacían el mismo razonamiento: mejor perder ahora, seguir dándole cuerda a los republicanos para que se ahorquen con Irak y otros problemas y no dejar en evidencia la propia desunión, incapacidad con Irak e agresividad en temas de moralidad social, desperdiciando así la oportunidad de las próximas presidenciales. Claro está que otros republicanos pensaban que el precio que iba a tener que pagar el país por esos dos años de poder demócrata sería excesivamente costoso y, por supuesto, otros demócratas querían tener en mano el pájaro cuanto antes.

Ahora el partido ganador ha olvidado las dudas y revienta de júbilo porque cree haber no sólo parado un proceso que poco a poco parecía estar convirtiéndolo en minoritario, sino incluso haberlo invertido, mientras que, por el contrario, la actitud dominante entre los republicanos es de de contrito mea culpa, responsabilizando plenamente de la derrota a sus propias faltas y errores y esencialmente a las infidelidades respecto al ideario conservador, planteándose la necesidad de ponerlo al día y ante todo de recuperarlo y lanzarlo con nuevo vigor.

La gran cuestión es: ¿quién está en los cierto? ¿Han tocado techo los republicanos y la evolución social los confina un rincón geográfico y una perpetua posición minoritaria que sólo debilidades democráticas y coyunturas políticas favorables les permitirán esporádicamente superar? Porque, en efecto, una de las importantes tendencia que los resultados parecen confirmar es el enclaustramiento del partido del elefante en el Sur, que domina ya de manera casi exclusiva, mientras que el partido rival se afianza a su vez en sus feudos del nordeste, norte y costa del Pacífico, de donde desplaza casi totalmente al llamado GOP (Great Old Party, el Viejo Gran Partido). Además, los demócratas expanden su área de dominación a otras zonas del país y realiza profundas incursiones en territorios hasta ahora conservadores. Una distribución geográfica tal condenaría al partido del elefante a una posición de inferioridad numérica estructural y la renovación de sus principios y purificación de sus procedimientos sólo podría servir para aumentar un poco más sus votos donde ya no puede obtener más escaños e incluso, en algunos casos, compromisarios para el colegio que elige al presidente.

Este dilema lleva a su vez a un replanteamiento de las estrategias electorales. La esencia de la seguida por Karl Rove, el mago que proporcionó tres victorias seguidas a Bush y su partido se basó en abandonar la tradicional competición por los votos centristas, no partidarios, que se inclinan en diversas proporciones hacia un lado u otro según las circunstancias políticas. Estos indecisos o no comprometidos suelen ser los votos decisivos en muchas democracias, especialmente cuando los sistemas electorales son fuertemente mayoritarios, como es el caso norteamericano. La "doctrina Rove" ha tendido a quitarle importancia a ese tan apreciado elemento y a concentrarse en incrementar la movilización de la propia base. Con un abstencionismo habitual del 40% o más, que las encuestas sostienen que contiene una distribución de opiniones políticas muy semejante a la que se plasma en los resultados de los comicios, quien mejor consiga movilizar a esos apáticos o escépticos convencidos de que su voto no cambiaría nada, son los que pueden hacerse con la victoria. Así, la organización de un eficaz aparato de activistas que se ha empleado a fondo en lo que se ha dado en llamar GOTV (getting out the vote: sacar el voto de caso y llevarlo a la urna) ha sido un componente fundamental de las anteriores victorias republicas. Ahora también esa estrategia está en cuestión.

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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