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Mentiras arriesgadas

Pero esta revelación muestra a las claras y con pruebas que ETA está chantajeando a ciudadanos españoles, amenazándoles con el asesinato o el secuestro si no sueltan el dinero. Las pruebas son evidentes, las cartas están a la vista de todos.

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Al tiempo que Rodríguez Zapatero posaba sonriente con el pañuelo-fetiche del terrorismo palestino, empresarios españoles denunciaban una nueva campaña de chantaje y extorsión por parte de ETA. Lo hacían de manera rotunda, y presentaban en público las misivas recibidas y fechadas este mismo mes. Al tiempo, estos empresarios chantajeados formaban, junto con el Foro de Ermua, una nueva Plataforma Constitucionalista, destinada a aunar esfuerzos para impedir que el dinero de los emprendedores se use en la estrategia aniquiladora etarra. Se trata de un paso valiente y decidido, en un momento en que los aires ideológicos parecen ir por otro lado.

Desde el punto de vista de ETA, seguir con el chantaje es tan lógico como necesario. Que haya declarado una tregua no significa que piense rendirse; tiene que mantener aún toda la infraestructura fuera y dentro de España, así como los tentáculos mediáticos, culturales y propagandísticos dentro del País Vasco y fuera de él. Mantener todo el aparato político-social que ya no recibe dinero del erario público exige un gasto extra. Además está, por supuesto, el componente del conjunto de los presos, especialmente vulnerable al desánimo. Para todo ello hace falta dinero, y ETA lo sigue consiguiendo de la misma manera que lo ha hecho siempre, hoy ante el disimulo gubernamental.

Pero esta revelación muestra a las claras y con pruebas que ETA está chantajeando a ciudadanos españoles, amenazándoles con el asesinato o el secuestro si no sueltan el dinero. Las pruebas son evidentes, las cartas están a la vista de todos. A los empresarios chantajeados las palabras de Patxi López, José Blanco o Rodríguez Zapatero les suenan a encerrona y gran mentira. A encerrona porque desde el Frente de la Paz les exigen que sean discretos, o sea, que se callen y paguen. A mentira porque primero se les silencia y después se pone en duda que las cartas sean reales. Pues bien, ahora es evidente que lo son.

La mentira del proceso de paz parece gozar de buena salud en los medios de comunicación gubernamentales, que son muchos y poderosos. Parte de las encuestas muestran que el pueblo español parece dispuesto a creer ciegamente en las palabras del Gobierno con tal de disfrutar de sus vacaciones y pagar la hipoteca a fin de mes. Pero las mismas encuestas muestran que demasiados españoles tienen ya la mosca detrás de la oreja, y dejan de confiar en el Gobierno cuando las pruebas de que esto es una gran mentira son abrumadoras. Por eso noticias como la del miércoles muestran que la estrategia de Rodríguez Zapatero aún está en riesgo.

Porque al fin y al cabo, la maniobra propagandística del Gobierno surte efecto si y sólo si la violencia queda dentro de unos límites disimulables. Cuando esto no es así, cuando los empresarios navarros se rebelan, o cuando los terroristas aprietan el acelerador de sus reivindicaciones y se burlan en los juicios por asesinato, la mentira del Gobierno se convierte en una mentira muy arriesgada. Mentira arriesgada para su estrategia electoral a medio y largo plazo, que puede venirse abajo. Pero sobre todo arriesgada para los máximos perdedores, los ciudadanos españoles; incluidos los empresarios que le pagan a Rodríguez Zapatero el chófer y la residencia oficial, para que luego se olvide de ellos y corra a vestirse la kefiya con entusiasmo.

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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