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Misión imposible

Francia quiere un mundo en el que nadie mande sobre ella, y ella mande todo lo que pueda sobre todos los que pueda, aunque sea a su pesar

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Es la hora de la diplomacia, dijo Condoleeza Rice y se vino a Europa con una misión perfectamente contradictoria, mejorar las relaciones con los europeos y difundir el mensaje libertario de su presidente. Los europeos, al menos los que mandan, franceses y alemanes, no quieren ni oír hablar de lo segundo luego no están dispuestos a avanzar mucho en lo primero.
 
Su actitud es: ¿qué nos traes, hermana?, en ningún caso ¿a ver qué podemos ofrecerte? Condi no ha entonado ningún contrito mea culpa, no se ha vestido de sayal ni espolvoreado cenizas sobre su cabeza, luego sólo le daremos unas decenas de instructores para formar algunos centenares de policías iraquíes en nuestro propio territorio. Así que diplomacia-diplomacia en estado puro. Sonrisas, bellas palabras, gestos corteses y poco contenido. Algo es algo. A eso ambas partes están dispuestas. Es lo que la visita demuestra. Luego viene el presidente y veremos si hay algo más.
 
Aquellos europeos que creen ver en Bush el origen de todos los males tienen que tragarlo durante cuatro años. No se gana nada en seguir agravando las cosas y más vale hacerlo con buena cara. La administración americana seguirá haciendo lo que cree que tiene que hacer, pero no obtiene ningún beneficio en aumentar la tensión con una guerra de palabras. E incluso las pequeñas ayudas son bien venidas. ¿Quién sabe? Podrían ser el comienzo de una nueva actitud. Pero sobre todo el presidente tiene que demostrar a su opinión que él no dejará de recorrer la famosa milla extra para conseguir un amigo, satisfacer un agravio, desbaratar un recelo. Si los otros no quieren no será porque él no lo haya intentado.
 
Lo que los otros quieren o más bien dejan de querer lo ha dejado clarito Barnier, el ministro de exteriores francés: ¡Nada de líderes! ¡Anhelo revolucionario donde los haya, para que luego se quejen del ingenuo utopismo libertario del americano! Nada menos que cambiar la naturaleza humana. Dónde hay dos uno manda, aunque sea mediante una astuta distribución de funciones. Pero aquí está la madre del cordero. Ya durante la crisis internacional que precedió a la guerra de Irak lo había dicho con todas las letras el súper gaullista Philip de Villiers: Francia quiere un mundo en el que nadie mande. ¡Anarquistas nos han salido! Claro que hay que hacer minucioso análisis semántico y mucha deconstrucción, pues de franceses se trata.
 
Francia quiere un mundo en el que nadie mande sobre ella, y ella mande todo lo que pueda sobre todos los que pueda, aunque sea a su pesar. Respecto a lo demás, es siempre útil que el séptimo de caballería se mantenga en reserva para intervenir si las cosas se ponen realmente feas. Si no lo hace denunciaremos su hipocresía, probablemente es que no había petróleo. Si mete la pata nos ensañaremos sin piedad, y si parece que les va a salir bien procuraremos subirnos al carro del vencedor. De momento así están las cosas. Cuando venga Bush veremos si se ha avanzado algo más o se trata del mismo juego a más alto nivel.

GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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