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Modernización y transformación

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La decisión del Consejo de Ministros de autorizar la adquisición de cuatro grandes programas de armamento constituye un claro gesto del Gobierno de que empieza a tomarse en serio los temas militares. Más allá de lo que estos programas suponen para la modernización de nuestras fuerzas armadas, su aprobación añade una apuesta firme por la industria europea de defensa, apuesta que nos coloca en buena posición ante el próximo lanzamiento de una Agencia Europea de Armamento. La iniciativa da además un nuevo impulso a nuestro débil tejido industrial de defensa.

Sin embargo, junto a estos elementos netamente positivos, hay también algunas cuestiones que quedan pendientes tras la decisión. La primera pregunta es cuál es el valor estratégico real, en términos de capacidades, que aportan estos nuevos sistemas a nuestros ejércitos. La segunda es cómo se van a financiar. La tercera es si este proceso de modernización está marginando un proceso de transformación de nuestra defensa que resulta aún más urgente.

La primera pregunta no se puede contestar de forma genérica, sino programa a programa. Es claro que el nuevo buque de proyección estratégica va a dotar a nuestras fuerzas armadas de una capacidad de proyección de la que ahora carecen. En un escenario de guerra global contra el terrorismo, esta capacidad de proyección naval, junto a la más limitada y rápida que proporcionará el avión de transporte A-400M, resulta crucial. Por su parte, los helicópteros de combate otorgarán una movilidad, letalidad y una cobertura aérea a nuestras unidades terrestres que se echaron de menos de forma muy intensa en la mini-crisis de Perejil, en la que hubo que artillar unos helicópteros de transporte al estilo Vietnam

Por el contrario, el futuro de un arma acorazada compuesta por carros Leopardo y vehículos de combate Pizarro es más discutible. Por un lado, la proyección tiene que ver no sólo con el transporte, sino también con la “ligereza” de las unidades de combate. Quizá hubiera sido más inteligente que adquirir una segunda serie de Pizarros haber apostado por alguno de los proyectos europeos o trasatlánticos en marcha para el desarrollo de plataformas de combate terrestre más ligeras, más rápidas y con mayor potencia de fuego. Por su parte, tampoco parecía constituir una prioridad la modernización del arma submarina, aunque si se les dota de mísiles de crucero para ataque a tierra, pueda tener mayor utilidad estratégica.

El problema de la financiación no es menor. Financiar estos programas con créditos del Ministerio de Ciencia y Tecnología es una buena opción, pero estos créditos empiezan a ser una hipoteca demasiado pesada sobre nuestro muy escaso presupuesto de defensa. Hay que recordar que la financiación del avión EF-2000, la fragata F-100, el carro Leopardo y el avión A400M supone ya una factura de casi 12 mil millones de euros. Ahora habrá que sumar al menos otros 4 mil millones, que serán muchos más a nada que se quiera equipar el buque de proyección estratégica con algún medio aéreo o dotar de mísiles de crucero al submarino S-80.

La pretensión de financiar estos programas con la venta de terrenos es un tanto utópica. El patrimonio de defensa es limitado y en el mejor de los años los ingresos por estas ventas no pasó de 180 millones de euros. La presión política para que Defensa “regale” los terrenos a los ayuntamientos es cada vez mayor. En definitiva, si España quiere contar con unas fuerzas armadas modernas y eficaces, a la altura de su actual estatura política y económica, tendrá necesariamente que aumentar sus presupuestos de defensa.

Queda por último el debate sobre la transformación. Todas estas plataformas son muy importantes, pero los últimos conflictos han puesto de manifiesto que aún son más esenciales los sistemas de mando, control, comunicaciones, inteligencia, observación y guerra electrónica. Es necesario a su vez apostar por armamento guiado, por vehículos no tripulados, por sistemas de protección NBQ. En definitiva, no podemos equipar a nuestros ejércitos pensando en las guerras del pasado, sino en las guerras del futuro. Cuando los recursos son escasos las prioridades deben estar claras.

GEES: Grupo de Estudios Estratégicos.


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