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Moratinos, Fidel y Zaldívar

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El gobierno socialista, a cien días de haberse constituido, sigue sin tener una política exterior definida y coherente. La única lógica que podría explicar los vaivenes dados por Exteriores y Zapatero es “cualquier cosa menos lo que hizo Aznar”. Pero ese es un muy mal principio inspirador. Se ha visto en la gira de Moratinos por Latinoamérica y se va a notar de manera muy preocupante en la nueva política que se quiere propiciar para con la Cuba de Fidel.
 
El ministro español de asuntos exteriores ya ha hecho saber que va a intentar que se suavicen las sanciones que la UE mantiene hacia el régimen castrista. Y que está dispuesto a adoptar medidas unilaterales en otros terrenos que muestren el espíritu de cooperación quwe quiere que prevalezca en la relación bilateral Cuba/España. Por ejemplo, Moratinos quiere dejar de mantener contactos con los líderes de la oposición anticastrista que están en la isla. Es más, aspira a convencer a los socios de la UE para que éstos dejen de invitar a la oposición a las celebraciones de las diversas fiestas nacionales y que tienen lugar en las embajadas de los países miembros.
 
No parece una línea muy coherente con la defensa de los derechos humanos que tanto inspiró el programa electoral del PSOE, salvo que una vez en el poder se crea que sólo debe aplicarse a Guantánamo (aunque dado el ferviente antiamericanismo del socialismo español, Guantánamo debería ser reivindicado como parte integral de Cuba).
 
Habrá que esperar cómo se desenvuelve el nuevo embajador nombrado por Zapatero, Carlos Alonso Zaldívar quien, en su día, hizo el tránsito del PCE al PSOE sobre la base del debido respeto a los derechos de la persona, pisoteados por el socialismo real y sólo practicable desde la socialdemocracia. Si sobre esos valores que la izquierda española ha querido patrimonializar impera el cinismo y todo se sacrifica, una vez más, para obtener una linda foto con el dictador de la Habana, su discurso no sólo será esquizofrénico con su práctica, sino insoportable.
 
Alguien debería recordarle el embajador español, cuando se instale en su legación, lo importante que fue para él, en sus años de oposición a Franco, que los gobiernos europeos tuvieran a bien a recibir a los líderes políticos entonces to9davía en la clandestinidad. Si se les niega a los opositores al régimen de Castro la posibilidad de dejarse ver invitados por las democracias occidentales, se les estará condenando a la marginación política y, lo que es peor, a que Castro haga de ellos lo que se le antoje. Si es ahí a donde lleva el rencor a lo hecho por Aznar, deberían pensárselo dos veces, al menos.

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