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Muere el líder y sigue la lucha

Preocupa que el dinamismo terrorista se haya mantenido en todo este tiempo a pesar de que Baitullah Mehsud fue alcanzado el 5 de agosto, y estuviese fuera de la circulación hasta su supuesta muerte el 23 de agosto.

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La muerte del terrorista paquistaní Baitullah Mehsud era confirmada finalmente por la cúpula de los talibán de ese país el 25 de agosto. El ataque lanzado por un avión no tripulado estadounidense en Waziristán del Sur el 5 de agosto consiguió acertar en esta ocasión, hiriendo de muerte a uno de los cabecillas más activos del yihadismo salafista dentro y también fuera de las fronteras de Pakistán. Pero la eliminación de este preciado objetivo –tras Osama Bin Laden y Ayman Al Zawahiri era el terrorista más buscado y los Estados Unidos habían puesto un alto precio a su cabeza, cinco millones de dólares– ha vuelto a demostrar la capacidad de regeneración que tienen los talibán paquistaníes, verdadero obstáculo para la normalización de Pakistán y también del vecino Afganistán.

Aunque Mehsud no era el único líder a considerar entre los enemigos más relevantes del régimen de Islamabad, sí era el más sanguinario y el que mostraba mayor capacidad organizativa. Dirigía el Tehrik e-Taliban (Movimiento Talibán de Pakistán) que agrupa a unos 30.000 miembros. Se le consideraba responsable del atentado que segó la vida de la ex-primera ministra Benazir Bhutto en diciembre de 2007, e inspirador del atentado suicida frustrado contra el metro de Barcelona, previsto para principios de 2008. Ahora ha sido sustituido por Hakimullah Mehsud.

Preocupa que el dinamismo terrorista se haya mantenido en todo este tiempo a pesar de que Baitullah Mehsud fue alcanzado el 5 de agosto, y estuviese fuera de la circulación hasta su supuesta muerte el 23 de agosto. Además, posteriormente se habían anunciado enfrentamientos entre sectores de los talibán paquistaníes para ocupar su puesto. Pero el ataque suicida que el 27 de agosto provocaba la muerte de 22 agentes de la policía tribal (Khadasar) en la localidad de Torkham, fronteriza con Afganistán, mostraba la fortaleza terrorista en el primer gran ataque producido tras la muerte de Baitullah Mehsud.

Las noticias de los enfrentamientos entre facciones talibán paquistaníes habían sido filtradas por los servicios de inteligencia del país –el ISI–, creando una doble expectativa. Por un lado que de dichas luchas intestinas resultara un debilitamiento del terrorismo. No ocurrió, porque éste ya se ha manifestado como hemos visto. Por otro lado, creó expectativas respecto al vecino Afganistán, celebradas las elecciones presidenciales y regionales el 20 de agosto, y sumido el país en plena fase de recuento del atentado de Kandahar el 25 de agosto con más de 40 personas muertas en la explosión de un camión bomba. Pero nada ha cambiado significativamente.

Ahora el nombre de Baitullah Mehsud va a volver a circular en el marco del previsto juicio contra la célula paquistaní detenida el 18 de enero de 2008 en Barcelona. Será buen momento para evaluar su liderazgo en términos operativos y de proselitismo, dentro y fuera de Pakistán. También para confirmarnos que una vez reemplazado por Hakimullah Mehsud, la amenaza pende sobre todos, en "Afg-Pak" pero también en las calles de las ciudades europeas. Amigo de los atentados emblemáticos, Baitullah Mehsud estaba ya herido cuando se produjo el ataque suicida contra el Cuartel General de la ISAF en Kabul el 15 de agosto, que provocó in situ siete muertos y múltiples heridos. Su experiencia y su ejemplo están siendo tratados de emular por sus seguidores, en Afganistán, en Pakistán y en el resto del mundo con ese tipo de ataques. Murió el líder, pero su lucha sigue.

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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