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Ni amigo ni enemigo

no somos nadie, porque este gobierno no quiere ser nadie en la escena internacional ni en la agenda estratégica del momento

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Zapatero siempre ha intentado justificar su lejanía de los Estados Unidos bajo la premisa de que ese distanciamiento nos acercaría automáticamente a Europa y a América Latina. Esa era su total contraposición a las tesis de su antecesor, José María Aznar, quien siempre creyó que la proximidad a Washington nos otorgaría como nación más presencia y peso frente a amigos, socios y aliados. El problema de Zapatero es que sus tesis se están manifestando alarmantemente falsas.
 
El primer ejemplo es la cumbre Iberoamericana a la que el Gobierno español, además del monarca español y sus miembros de gobierno, con secretaria de cooperación al fondo, no ha logrado atraer más que a segundas figuras. Ni siquiera los supuestos amigos de Rodríguez Zapatero, como Chávez, han tenido la deferencia de acudir en persona a la cita. Pura delegación. Todos han preferido reunirse con Bush en el foro del Pacífico. Eso en cuanto a la convocatoria. En cuanto a los resultados, no pueden ser más penosos. Frente a una supuestas cumbres vacías de contenido, denuncia que se ha encargado el actual gobierno de repetir, lo que Zapatero se ha traído a casa es la convocatoria de un encuentro en Salamanca, reunión, dicho lo cual, propuesta en su día por Aznar y auspiciada por el gobierno del PP. La otra propuesta de Aznar para las Cumbres, fijar el secretariado de las mismas en España, ha sido dilapidada por Zapatero, quien no ha sabido concretar los apoyos a tal idea que en su día ya fijó el propio Aznar. Eso sobre los supuestos amigos de los dirigentes socialistas españoles.
 
El segundo ejemplo se fragua en Washington: El Gobierno español queda excluido de las reuniones informales entre estadounidenses y europeos sobre el proceso de paz en Oriente Medio. En contra de lo que dirá el socialismo español, no se trata de una medida de castigo, pues hay otros adversarios de Norteamérica, como Francia y Alemania, que sí son partícipes en estos encuentros. Se trata pura y simplemente de que para la administración estadounidense España ha dejado de ser una nación seria y creíble, con la que se pueda contar. Quién ha cambiado de actitud no es América, sino España.
 
Tercer caso, frente a la actual invisibilidad de España a los ojos americanos ninguno de nuestros supuestos socios y aliados europeos, particularmente Francia, ha hecho el más mínimo gesto para apadrinarnos. Ni Chirac ni Schroeder han intercedido ni intercederán por España ante Bush. Sencillamente porque para ellos somos un país con un Gobierno de segunda, cuyo único criterio internacional es la cesión continua.
 
En política internacional hay algunos valores que son claves. Uno de ellos es la credibilidad, otro es la seriedad. Ambos se logran a través de muchos esfuerzos y consistencia. Pero ambos se pueden perder rápidamente cuando se actúa alegremente, sin respeto a los compromisos adquiridos o primando bandazos simplemente por el hecho de desmarcarse de la herencia recibida.
 
La política exterior está íntimamente ligada a la política interior. Y cuando la política doméstica gira sobre cómo desestructurar la identidad nacional, la política exterior pierde su fuerza, consistencia e interés. Zapatero, poniendo sus ojos todo el rato en Cataluña, ha hecho que los demás países pierdan de vista España. Ha hecho que dejemos de contar. Y no porque seamos amigos o enemigos, no. Porque no somos nadie, porque este Gobierno no quiere ser nadie en la escena internacional ni en la agenda estratégica del momento. Lo único que parece preocupar a un gobierno atrapado por un izquierdismo primario, es ser valedores de Chávez, de Castro y, quién sabe, todo llegará, de Corea del Norte. De los intereses nacionales, ni hablar.
 
GEES, Grupo de Estudios Estratégicos

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