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Ni contigo ni sin ti

Europa no será un socio responsable en el proceso de trasformación del Gran Oriente Medio si antes no se ha producido en el continente un debate estratégico en profundidad

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La diplomacia norteamericana cree que ha llegado su momento. La presencia de tropas en Afganistán y en Irak, la revisión a la baja de la amenaza iraní, las catástrofes ocasionadas por los huracanes en los estados del sur-este y la necesidad de rehacer la situación económica hacen poco probable la apertura de nuevos frentes militares.
 
A estos hechos de carácter coyuntural se suma otro de dimensión estratégica. La victoria en la Guerra contra el Terror pasa por la Transformación del Gran Oriente Medio, es decir, por la modernización económica y social de la región, que tiene que crear las condiciones para que la democracia liberal arraigue. No se trata de exportar modelos concretos, pero sí de garantizar los derechos fundamentales. Esta Transformación requiere de un constante ejercicio diplomático a lo largo de varias décadas, que sólo resultará eficaz si es el resultado de una acción conjunta del mundo civilizado.
 
En Washington hay un amplio acuerdo sobre la conveniencia de aprovechar estos últimos años de Bush para mejorar la imagen de Estados Unidos en el mundo y lograr el entendimiento necesario a partir del cual poder arrancar el proceso de Transformación. No se engañan. Son conscientes de que los servicios de inteligencia, de policía, las fuerzas armadas, la diplomacia pueden evitar muchos atentados y desbaratar muchas células. Pero sólo ofreciendo una alternativa de futuro al mundo musulmán los islamistas serán derrotados. Estamos ante una guerra civil en el Islam y sólo el desarrollo y la democracia nos asegurarán la victoria.
 
Aparentemente los republicanos, aunque no todos, han aprendido que la estabilidad es imposible sin la democracia. Sin embargo, la mayor parte de los demócratas están dispuestos a prescindir de su difusión, que había sido tradicionalmente uno de los principios rectores de su programa en política exterior. En Europa la gran mayoría está en contra de vincular diplomacia con el patrocinio de una transformación hacia la democracia. Varios son los argumentos que podemos escuchar:
 
-Los europeos no debemos ir de la mano de Estados Unidos en una política de estas características, porque es una potencia hegemónica que pone en peligro la estabilidad internacional y atenta contra nuestros valores.
 
-Supondría una violación del principio de no injerencia en asuntos internos de un estado soberano.
 
-Implicaría demasiadas tensiones y riesgos, para una comunidad, la europea, muy dividida y con una población reacia a aventuras de estas características.
 
-¿Por qué empeñarse en trasformar en ciudadanos a unos pueblos que ni quieren ni saben? Hay que renunciar a civilizar el Mundo Árabe y acostumbrarse a vivir con ellos tal como son.
 
En esta ocasión no vamos a entrar a debatir estos argumentos, que rechazamos de plano, sino su efecto sobre la diplomacia norteamericana. El Departamento de Estado está ensayando una aproximación suave a las cancillerías europeas, continuación del trabajo realizado por Bush y Rice. Ya no se trata de reconstruir el vínculo trasatlántico, considerado por la mayoría un elemento histórico carente de vigencia, sino de establecer un nuevo acuerdo mucho menos ambicioso, pero fundamental para la Transformación del Gran Oriente Medio. La desaparición de Schroeder, la debilidad de Chirac, el giro francés en la cuestión sirio-libanesa y la preocupación por el programa nuclear iraní juegan a su favor. En la actualidad tratan de establecer nuevas líneas de entendimiento. En el corto plazo pueden cosechar éxitos, como se ha visto en el tratamiento de la cuestión iraní, pero a medio plazo creemos que no será suficiente.
 
Europa no será un socio responsable en el proceso de trasformación del Gran Oriente Medio si antes no se ha producido en el continente un debate estratégico en profundidad. Los europeos tienen que entender por qué es fundamental para su seguridad que el Mundo Árabe cambie. Mientras no se les explique que el terrorismo seguirá creciendo y que sus comunidades musulmanas continuarán evolucionando hacia el islamismo a menos que el Islam recupere la confianza en sí mismo y deje atrás la frustración y humillación que les produce su atraso e inadaptación al mundo moderno, no será posible una asociación estratégica entre ambas orillas y, sin ella, Estados Unidos difícilmente logrará sus objetivos.
 
Es un espejismo pensar que una aproximación suave en tiempos de tranquilidad será suficiente. Sin una visión común los europeos resultarán una rémora. Habrá palabras de amor y agravios sin fin. Europa volverá al “ni contigo ni sin ti” que tan gráficamente representa su falta de identidad e ideas en política internacional.
 
La Alianza Atlántica dedicará el año próximo a debatir su propia reforma. La Unión Europea se ha quedado sin agenda de desarrollo y necesita iniciativas. Alemania ensaya un nuevo Gobierno, que estará atado por las serias diferencias entre los dos partidos que lo forman. Chirac está en declive y su partido dividido en una guerra fraticida por la sucesión. Estamos en un tiempo de espera, el momento perfecto para debatir a fondo sobre las características del nuevo entorno estratégico y preparar las decisiones futuras, cuando los nubarrones sobre el liderazgo europeo den paso a un período más proclive a la acción común.

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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