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No es lo que parecía

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Uno de los fenómenos más curiosos de la condición humana es su capacidad para creerse sus propias mentiras. En la arena política española venimos asistiendo desde hace un par de años a la descalificación sistemática del presidente Bush y, como contrapartida, al elogio de la figura de su contrincante, el senador Kerry. No es un problema de antiamericanismo, se nos dice, sino de legítimo rechazo a una Administración reaccionaria.
 
Para cualquiera que se moleste en seguir el debate político en Estados Unidos es evidente la convergencia de republicanos y demócratas en los grandes temas de política internacional. No es ningún secreto. Kerry repite una y otra vez que había que ir a Irak y que es necesaria la transformación del Gran Oriente Medio. Pero ¿quién es la realidad para dictar sentencia frente al voluntarismo del socialismo español?
 
Moratinos ha enviado a sus funcionarios a explorar el entorno de Kerry y a preparar el advenimiento de una nueva época en las relaciones bilaterales y se ha encontrado con... la realidad. Sorprendentemente los demócratas no son lo que los medios de comunicación progubernamentales repiten, sino una versión distinta del mismo monstruo imperialista, militarista y globalizador. Se les ha recordado lo que ya el propio ministro había oído de labios de Rice: la gravedad del precipitado abandono de las tropas españolas de la primera línea en la lucha contra el terrorismo internacional y las inevitables consecuencias que tendría sobre las relaciones entre ambos países. El camino para una mejora pasaría por un mayor compromiso en la guerra antiterrorista en otros campos, empezando por Afganistán.
 
A juicio de lo publicado por los medios de comunicación los signos de la nueva etapa se van haciendo evidentes: nueva relación de Estados Unidos con Marruecos, amenaza del contrato de venta de fragatas a Israel, negativa de Bush a entrevistarse con Zapatero en la cumbre atlántica de Estambul... y mientras tanto otros aliados ponen de manifiesto el respeto que sienten por el gobierno español enviando a la princesa Ana a Gibraltar en viaje oficial –hacía cincuenta años que no ocurría nada semejante- o rebajando drásticamente el número de votos en el proceso de toma de decisión europeo a cambio del giro en favor del Eje franco-alemán.
 
Poco a poco los diplomáticos españoles, por muy socialistas que sean, presionarán para desarrollar una política más realista, pero los obstáculos que hallarán en su camino no serán fáciles de sortear. Por una parte el entorno inmediato del ministro tiene más prejuicios que oficio. Por otra, el giro a la izquierda, con la evidente intención de acabar con Izquierda Unida, obliga a una retórica radical que casa mal con las medidas que la Guerra contra el Terror exige aplicar. No es casual que Moratinos rechazara primero el envío de un contingente a Afganistán y que luego de la Vega reconociera que está en estudio, aunque se evite asumir la responsabilidad de un área geográfica –como nos ha pedido la OTAN- y se manejen cifras ridículas sobre su tamaño.
 
Los días pasan y ya no basta con hablar de talante y sonreír a diestro y siniestro. Las políticas no pueden ser sólo un ejercicio de retórica. Si en el terreno económico Aznar ha dejado una bolsa repleta de la que se puede ir tirando sin que se note durante algún tiempo, en política exterior el crédito se dilapidó la primera semana y las consecuencias ya comienzan a ser visibles.

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