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Nukes'r'us

Hasta la fecha Corea no ha mostrado ningún escrúpulo en inundar el mundo con una tecnología que sí dominaba plenamente, la misilística de medio alcance, desde el Irak de Saddam al Irán de Ahmadinejad.

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El régimen de no proliferación instituido a finales de los años 60 está ya completamente muerto. Corea del Norte y su desafío a la llamada comunidad internacional debería haberlo dejado meridianamente claro. Hay naciones que lo rechazan de plano y por principio, como la citada Corea; hay países que aspiran a violarlo de manera opaca y clandestina, como Irán; y hay personas empeñadas en que sus provisiones no restrinjan a quienes quieren la bomba, sean países, grupos o individuos.

En estos días tras la detonación norcoreana, todo se ha centrado sobre cuál debería ser nuestra respuesta a la política de Pongyang. El verdadero problema, sin embargo, no es que vamos a hacer nosotros –entendiendo por nosotros la ONU y, en última instancia Estados Unidos, no la actual España de Zapatero– sino qué va a hacer Corea del Norte con sus armas nucleares.

Hasta la fecha Corea no ha mostrado ningún escrúpulo en inundar el mundo con una tecnología que sí dominaba plenamente, la misilística de medio alcance, desde el Irak de Saddam al Irán de Ahmadinejad, pasando por la Libia de Gaddaffi cuando era díscolo. Un capítulo sonado de esa política agresiva de exportaciones fue la interceptación por los marines españoles, en aguas del Índico, del barco So Sang, trufado de componentes de misiles supuestamente destinados a Yemen.

Corea podría ahora muy bien sentirse tentada a exportar sus conocimientos nucleares, componentes y sistemas, llegado el caso. Si se aplicaran todas las sanciones aplicables al régimen de Kim Jong Il no le quedarían muchas otras cosas con las que obtener dinero e influencia. Es más, aunque no se apliquen, pocas otras cosas tiene con las que contar en el mundo. No sería de extrañar, pues, que Corea trabase amistad con todos aquellos que quieren enfrentarse al poder de Estados Unidos, desde Teherán a Caracas, desde Raúl Castro a Bin Laden.

La comunidad internacional no ha hecho nada durante los 50 años de desarrollo nuclear norcoreano para impedir haber llegado a donde hemos llegado. Es más que probable que tampoco haga algo para retornar a la situación anterior y dejar a Corea del Norte donde estaba, una nación no nuclear. Es la hora de dejar claro, no obstante, que no se admitirá ningún comportamiento del que Corea del Norte saque beneficio utilizando su arsenal nuclear. Hay que dejar claro que a la más mínima sospecha de tentaciones proliferadoras (ayuda a Irán, por ejemplo) o al menor indicio de chantaje nuclear directo, se reaccionará con toda la contundencia.

El problema es que la contundencia no está en la ONU. Está en manos de quienes si cuentan con un arsenal nuclear. Jacques Chirac hizo un discurso muy duro al respecto antes del verano, en el que dejó claro que para Francia sería inaceptable una agresión masiva contra su suelo o sus intereses y que un ataque así desencadenaría una respuesta militar, incluida la nuclear. Es su momento para concretar en quien estaba pensando. Lo tienen que saber los norcoreanos y los iraníes.

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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