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Desarme

Obama nuclear

Terminada, de momento, la revolución sanitaria –parte esencial del cambio en el Estado y la sociedad que los sedicentes progresistas americanos quieren para su país–, la atención de Obama parece ahora concentrarse en otro punto relevante de su utopía, al que dedicó su primer escrito conocido, un artículo en una revista estudiantil de sus tiempos en la Universidad de Columbia, en Nueva York: el mundo desnuclearizado. Algo que debe producir la unanimidad como desiderata, pero que suscita graves objeciones desde el punto de vista de su viabilidad práctica.

En esa nueva línea de acción, la semana que termina ha sido fecunda, con la Revisión de la Postura Nuclear, hecha pública el martes 6, y la firma de un nuevo tratado START con Rusia. Y la semana que empieza se abre con una magna concentración de jefes ejecutivos en Washington para tratar de la seguridad nuclear mundial. Luego en mayo, en Nueva York, toca la periódica revisión del importantísimo Tratado de No Proliferación (NPT), que fue firmado originalmente en 1968 y entró en vigor en el 70, una vez que reunió los cuarenta signatarios preceptivos. Hoy día casi la humanidad entera forma parte del acuerdo.

La fuente doctrinal de todo el empeño está en el primero de los documentos citados. Conviene aclarar que el extraño significado que adopta aquí la palabra "postura" (posture) resulta muy chic en la jerga estratégica, pero es de una absoluta vaguedad. En la medida en que admita una definición clara, pretende abarcar, en el campo militar, todo aquello a lo que se refiera el adjetivo que lo califica, así "postura nuclear" vendría a ser todo lo que atañe a lo nuclear militar: objetos armamentísticos, materiales que los componen, vectores que los proyectan sobre sus objetivos, investigación y adquisición, mantenimiento, pruebas, estrategias, doctrinas, políticas, presupuestos, personal, etc.

La nueva "Postura" lleva a cabo una matizada reducción del propósito de las armas nucleares americanas y encuadra esta reducción en el objetivo final, pero distante, de una completa desnuclearización militar del mundo. Esa misma contracción doctrinal está expresamente concebida como un buen ejemplo por parte americana para incitar al resto del mundo a caminar en la misma dirección. A las potencias legalmente nucleares según el Tratado de No Proliferación (NPT), Francia, Reino Unido y China, además de USA y Rusia como heredera de la Unión Soviética, se las invita, como mínimo, a no expandir sus arsenales. A las que no lo son y forman parte del tratado, el buen ejemplo americano se espera que las estimule al cumplimiento de los compromisos contractuales y a profundizar en el régimen de no proliferación en el próximo cónclave universal de Nueva York en mayo.

Lo que la administración Obama propone es una obligación de las potencias nucleares legales, contenida en el mismo NPT. A cambio de su enorme privilegio de oligopolio nuclear, se comprometen a caminar hacia la desnuclearización, pero sin ningún límite temporal. Los que se han nuclearizado al margen del tratado dicen estar dispuestos a renunciar a sus armas si todos lo hacen. El problema es que muchos de los que al firmar renunciaron a toda veleidad atómica siguen sintiéndose muy cómodos con la discriminación que establece el tratado, porque basan su seguridad en el paraguas nuclear americano. Teóricamente la posición moral de Obama se refuerza frente a los argumentos de los recalcitrantes. El problema es que estos lo quieren todo, es decir nada, y en los casos más relevantes su palabra carece por completo de fiabilidad. La posición de Obama tienen su lógica, pero al final puede ser como la del que encubre la debilidad de sus concesiones diciendo que así se carga de razón... frente a quienes no atienden a razones.

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.