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Olmert se despide

Las encuestas apuntan a un triunfo del Likud que llevaría a Benjamín Netanyahu a la presidencia del Gobierno. La gravedad de la crisis aconseja la formación de un gabinete de concentración nacional.

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Después de meses de tensión, el primer ministro israelí, Ehud Olmert, ha comunicado su disposición a abandonar su cargo a la vuelta de las vacaciones estivales. Para esas fechas está ya prevista la celebración de elecciones primarias para elegir al nuevo presidente del partido Kadima, la fuerza que lleva el peso del actual Gobierno.

La llegada al poder de Olmert se debió a circunstancias extraordinarias. Sharon había provocado una escisión en el partido en el que había militado durante décadas, el conservador Likud, para sacar adelante su estrategia de "desenganche", por la que Israel se retiraría paulatinamente de los territorios ocupados pero sin el riesgo político de un previo acuerdo con los palestinos. Para garantizar la seguridad de Israel levantó una valla que separase a las dos comunidades. Durante su mandato se llevó a cabo el levantamiento de los asentamientos judíos en Gaza, su realojo en otros territorios, la toma del poder por parte de Hamas, la guerra civil palestina y el aumento de lanzamientos de cohetes contra enclaves israelíes próximos.

La crisis de salud sufrida por el veterano general llevó a Olmert a un puesto que le ha venido grande. Ordenó el ataque contra Hizboláh, la II Guerra del Líbano, que se saldó con una victoria política de las milicias chiítas y un intercambio desigual de terroristas por cadáveres. El Informe Winograd puso de manifiesto los gravísimos errores cometidos durante el conflicto. Su mandato ha estado plagado de escándalos financieros, que a la postre han acabado con su carrera política. La suma de estos hechos hundió a Olmert y a su Gobierno en los índices de popularidad y les impidió adoptar una posición de fuerza ante la crisis más seria de su mandato: la nuclearización de Irán. Más preocupado por sobrevivir que por resolver, Olmert y la secretaria de Estado Rice pergeñaron un proceso de paz inexistente que ha dado sentido a las agendas de norteamericanos, palestinos e israelíes, al tiempo que trataban de contentar a las naciones árabes mientras se buscaban posiciones comunes en la cuestión iraní.

La salida de Olmert dará paso a un nuevo Gobierno sustentado por la misma mayoría, una nueva o, como la sociedad espera, a la convocatoria de elecciones generales. Las encuestas apuntan a un triunfo del Likud que llevaría a Benjamín Netanyahu a la presidencia del Gobierno. La gravedad de la crisis aconseja la formación de un gabinete de concentración nacional en el que estén presentes tanto el Likud como los laboristas. Según la comunidad de inteligencia israelí el verano del año próximo será el último momento posible para lanzar un ataque antes de que Irán acceda al conocimiento suficiente para dotarse de capacidad nuclear. Para entonces un nuevo presidente norteamericano ocupará la Casa Blanca. Queda poco tiempo para llegar a un acuerdo, y para entonces la posición israelí debe gozar del máximo soporte político.

Sharon recibió a Bush recordándole que Israel no era Checoslovaquia. El general quiso ser directo para evitar equívocos en temas de seguridad nacional. En estos momentos Estados Unidos, y muy especialmente el Pentágono, dan prioridad a otros retos, como la estabilidad de Irak y la recuperación económica. Urge resolver una estrategia conjunta para poner fin a una amenaza vital o para establecer las bases de un nuevo entorno estratégico caracterizado por la proliferación nuclear.

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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